Lo decía el gran cineasta Bernardo Bertolucci: “No barajo el tiempo como algo cronológico; todo lo más, lo acuso físicamente”. Y esta permanencia del momento vivido frente al paso de los años es lo que el director de cine italiano mostró de manera explícita en la película Belleza robada (1996). La perpetuidad de lo eterno y bello en un entorno con pasado como es la Toscana.