Es un motivo de orgullo. Algo de lo que vanagloriarse. Signo de madurez, de racionalidad. ¿Cómo no seguir siendo amigos, después de tanto compartido? Años de anécdotas, de experiencias. Años, eso sí, que no tuvieron un final de cuento. Pero no importa porque, por encima de reproches y discusiones, queda el cariño por todo lo vivido. ¿Ah, sí? Error, mentira. Según un estudio de la Universidad de Oakland, muchos de los que se echan flores por haber sido capaces de mantener una relación de amistad con sus exparejas esconden, en realidad, rasgos psicopáticos. Así que menos presumir.