Carmen Gauger: “Traducir a algunos autores fue un tormento”

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Gracias a Carmen Gauger (Cartagena, 1937) podemos leer en español los grandes clásicos de la literatura alemana. Por su impecable trabajo acaba de recibir el Premio Nacional a la Obra de un Traductor.

¿Qué le llevó a profundizar en la lengua y la cultura alemanas?

Empecé a estudiar alemán leyendo a autores de la posguerra alemana como Heinrich Böll y Wolfgang Borchert, que ofrecían una imagen de Alemania muy distinta y mucho más diversa de la que teníamos en España. Ese fue el hilo con el que fui tirando del ovillo.

¿Qué autor alemán reciente recomendaría descubrir?

Daniel Kehlmann.

¿Y su favorito de todos los tiempos?

En literatura en lengua alemana, Franz Kafka. En literatura universal, Cervantes y Borges.

¿Qué obra le ha dado más placer traducir?

Anton Reiser, de Karl Philipp Moritz, autor del siglo XVIII contemporáneo de Goethe. Primera "novela de aprendizaje" y una obra maestra de extraordinaria modernidad.

¿Y más quebraderos de cabeza?

Quiero dejar de ser un dentrodemi, de Birger Sellin, joven berlinés, mudo y autista. Todos le tenían por débil mental, hasta que descubrieron que se sabía al dedillo la biblioteca de su padre. Aprendió a escribir con ordenador: textos extrañamente originales y poéticos pero tan enrevesados, ­vocablos inventados, elipsis, mezclas de palabras, ausencia de signos de puntuación...­ que ha sido sin duda mi mayor reto en la traducción literaria.

¿Hay que amar un texto para traducirlo?

No hay que amarlo a priori, pero sí ir tomándole afecto. Si no se logra, traducir ese texto es un tormento. Me ha ocurrido con tres o cuatro autores, de los que nunca he querido saber nada más.

Desearía traducir a…

A muchos, pero diría de inmediato: Martin Suter, Daniel Kehlmann, Ödön von Horvath, Franz Werfel...

Usted ha traducido todo tipo de géneros: teología, teatro, diarios, relatos, novela y poesía. ¿Cuál le gusta más? ¿Y menos?

Aparte de la poesía, que requiere el esfuerzo de aunar la rima o el ritmo con la fidelidad de la traducción, el género no es importante. Lo decisivo es la calidad del texto.

¿Qué encargo no aceptaría jamás?

Traducir un texto que no tenga un nivel aceptable de calidad literaria.

¿Qué lee cuando lee por placer?

De todo. Ahora estoy con las Mémoires d'Outre-Tombe de Chateaubriand, pero no es siempre tan exquisito. Acabo de leer los quince primeros volúmenes de El Coyote, varias novelas de Sherlock Holmes, la trilogía de la saga Millenium, una biografía de Rasputín, muchos cuentos de la Pardo Bazán...

¿Cuál es su película preferida?

Difícil, porque tengo muchas, pero al final me quedaría con El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford, con un sensacional John Wayne.

Si no fuera traductora, ¿qué le gustaría ser?

Conservadora de museos, directora de galería de arte...

¿Qué canción escogería como autorretrato?

La verdad es que como autorretrato no se me ocurre nada, pero como identificación: cualquiera de las cantatas de J. S. Bach.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?

En España, desde luego la comunicación: no he visto en ningún país a tanta gente agarrada al móvil o tecleando en él.

¿Qué trabajo de traducción merecería un Nobel?

La traducción de La divina comedia de Ángel Crespo.

Fuente El País - España