Ha viajado desde Berlín hasta Madrid en una furgoneta junto a sus coguionistas, Jason Schwartzman y Roman Coppola (sobrino e hijo de Francis Ford Coppola y primos de Nicolas Cage). Las películas y, aunque él no lo diga, la vida del director Wes Anderson (Houston, 1969) tienen según él unos cinco grados de inclinación respecto a nuestra realidad: pone a personajes realistas en situaciones surrealistas.

“Parchís, chis, chis, chis. Parchís, chis, chis, chis, es el juego de colores que traemos para ti”. Todo el que fue niño entre los años 70 y 80 conoce la melodía que acompaña esta estrofa del grupo infantil Parchís. Y el que nació años después, puede que esta canción en concreto no le suene, pero seguro que en más de una ocasión ha felicitado el aniversario a alguien al ritmo del tema Cumpleaños feliz de esta banda. Este año, cuatro décadas después del lanzamiento del quinteto musical, Frank Díaz, David Muñoz, Yolanda Ventura, Gemma Prat y Tino Fernández se han vuelto a reunir.

El martes, el diario Le Parisien publicó una entrevista con Javier Bardem en la que daba su opinión sobre el caso Woody Allen, la diferencia de visión y cuidado de la Cultura en Francia y en España -en la que reflexionaba sobre el eco del César de Honor a Penélope Cruz- y en un momento dado, según aparecía en el periódico y fue traducido por la agencia EFE, apuntaba: "En España a la gente solo le interesa el fútbol. Cuando dices que eres artista te miran como si hubieses hecho algo malo".

El pasado 8 de marzo, mientras por todo el planeta se producían manifestaciones por el Día de la Mujer, en la plaza de la estación de Shibuya (Tokio) tenía lugar una ceremonia más discreta: el homenaje a Hachiko y en su figura a todos los perros que amaron a sus dueños más allá de la muerte, porque Hachiko fue aquel famoso akita que durante nueve años esperó en vano el regreso de su amo -el profesor Hidesaburo Ueno- fallecido de infarto mientras impartía clases en la Universidad de Tokio. La estatua de Hachiko se encuentra en la salida del andén número 8 de Shibuya y su historia rebasó las fronteras japonesas gracias a la película Hachiko

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