Hace muchos años, mi madre y yo asistimos a un extraordinario concierto de Montserrat Caballé en el Teatro Cervantes de Málaga. Lloramos de emoción cuando la Caballé, un mito inesperado en nuestro teatro de provincias, empezó su recital. Teníamos las butacas que pudimos pagar, las que llaman del paraíso, las más alejadas del escenario, y a pesar de ello su voz se proyectaba con tanta claridad que parecía estar cantando a nuestro lado. Ahora que faltan mi madre y la Caballé me gustaría pensar en su particular paraíso, donde las almas generosas y buenas están esperándonos. Estas líneas se las dedico a ellas, las madres y las artistas que nos

En mi ya larga vida he visto bastantes obras de Valle-Inclán sobre los escenarios, pero no todas, ni siempre presentadas con acierto. Esto es una extravagancia. En Inglaterra puede uno ver obras de Shakespeare todos los meses del año y todas ellas. ¿Que no cabe la comparación? Pues no sé si habrán observado que Inglaterra se ha ido pareciendo cada vez más al teatro de Shakespeare y España sigue sin tener otro espejo que las obras de Valle. Es nuestro Shakespeare porque nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de los personajes de su teatro.