Gil José Sáez Martínez (San Pedro del Pinatar, Murcia, 1971) es el vicario judicial del Obispado de Cartagena. Explica que su función, delegada por el obispo, consiste en "hacer que se cumpla la justicia en la diócesis y que se garanticen la tutela y los derechos de los fieles ante la Iglesia". Junto a su trabajo como canonista y párroco en la iglesia de San José, en el municipio de San José de la Vega (Murcia), prepara una tesis sobre la respuesta del derecho procesal de la Iglesia católica y del derecho español ante los abusos sexuales cometidos por clérigos. Es el único juez eclesiástico que no teme dar su nombre para hablar y reconocer

Un mastodonte de 56 metros de altura, 105 de ancho y 121 de profundidad, en un área de 100.000 metros cuadrados, se levanta en el barrio de Brás, una de las zonas populares de São Paulo. Se dice que su inspirador, el magnate de la comunicación y fundador de la evangélica Iglesia Universal del Reino de Dios, Edir Macedo, trajo piedra de Jerusalén para construir esta réplica del Templo de Salomón, con capacidad para 10.000 fieles. Este pasado viernes, cuando la lluvia amenazaba con sacudir la primera hora de la tarde paulista, apenas 1.000 acudieron al culto. En el interior, al que se accede por un aparcamiento subterráneo después de dejar

El Estado Islámico (ISIS) difundió este domingo un vídeo en el que presuntamente el hombre que el sábado mató a una persona e hirió a otras cuatro en un ataque con un cuchillo en el centro de París jura lealtad a la organización terrorista. Aunque no supone necesariamente una prueba de la autoría del ISIS tras lo que las autoridades francesas investigan como un acto terrorista, sí muestra un vínculo entre el supuesto atacante, Khamzat Azimov, un joven de 20 años nacido en Chechenia pero nacionalizado francés, y la organización yihadista.

Que los obispos apoyen volver a enterrar a Franco con honores sagrados es de cajón. Siempre se han negado, incluso a petición mayoritaria del clero, a pedir perdón por su complicidad al bendecir como cruzada aquella feroz guerra social, por la que se dio la máxima distinción vaticana a un Franco que se afirmaba dispuesto “a matar a media España para salvar a la otra media”. Tampoco va a arrepentirse de ello un Papa “renovador”, que sigue canonizando a muchos “mártires de la fe”, muertos en realidad por ser identificados como lo que eran, miembros señalados de una organización cómplice del franquismo. Papa que tampoco ha dudado en canonizar