Uno de los tres vídeos islamófobos que difundió Jayden Fransen, la líder del grupo ultranacionalista británico Britain First, y que el presidente de EE UU, Donald Trump, reprodujo este miércoles en su cuenta de Twitter es falso. El vídeo titulado Un inmigrante musulmán propina una paliza a un chaval con muletas en Holanda muestra cómo un joven golpea a otro. Sin embargo, el agresor es holandés y no hay ninguna prueba de que sea musulmán, según Snopes, una web especializada en destapar bulos.

Últimamente estamos asistiendo a un rebrote de los estereotipos sexistas. Mientras las mujeres denuncian, en campañas como la de #Metoo, la realidad sumergida de los abusos sexuales, la cultura machista no solo perdura, sino que en algunos ámbitos gana terreno. Ya sabíamos que los comportamientos violentos o las conductas discriminatorias no se iban a extinguir porque se aprobara una ley contra la violencia de género o una ley de igualdad, porque esos comportamientos se aprenden. Pero, ¿de dónde sale ese 27% de adolescentes que piensa que la violencia en el seno de la pareja es normal, o ese otro 33% que considera que sentir celos es una

En la película Lord of War, el traficante de armas que interpreta Nicolas Cage dice algo así como que, en África, los líderes de las guerras por la independencia se transformaron en los peores dictadores de la tierra. Para muestra, Mugabe. El estilo está marcando tendencia. Aung San Suu Kyi pasó quince años de arresto domiciliario bajo la dictadura militar de su país, antes Birmania, ahora Myanmar. El arresto terminó en 2010, mucho después de que ella, en 1991, recibiera el Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos humanos. Vivió ese periodo en condiciones precarias, sin ver a su marido ni a sus hijos. En 2011 el país

Según ellos, “ya no es momento de palabras y velas”. Este sábado, la organización de extrema derecha Génération Identitaire [Generación Identitaria] fletó unos autobuses desde las grandes ciudades de Francia para acudir a una manifestación en París. Dos años después de los atentados que se produjeron en la capital francesa, el grupo considera que ya es hora de “defender Europa frente a los islamistas”. La manifestación fue rápidamente prohibida por la Policía de París, que temía los enfrentamientos con los contramanifestantes.

Richard Luin, 57 años, tocado con una gorra azul y apoyado en una barandilla blanca desvencijada en el campo de béisbol de Yangon al que está a punto de llegar el Papa, tiene tres nombres. Su padre, un hindú emigrado a Myanmar en los años 80, creyó oportuno llamarle Simon. Influencia británica, sostiene él. Cuando se convirtió al catolicismo, el cura de su parroquia le bautizó como Frank Matias. Richard, en cambio, es el nombre que ha elegido para esta conversación y para los negocios, explica alargando el brazo y mostrando una tarjeta de visita donde dice que es conductor privado. Hoy tiene el coche aparcado. Se ha tomado el día libre,

Un recorrido por Huesca, partiendo de la capital, de 52.000 habitantes (con una visita imprescindible a Ultramarinos La Confianza, la preciosa tienda que lleva desde 1871 abierta al público), en dirección al castillo de Loarre y otros enclaves interesantes.

Los periodistas que siguen al Papa en su visita a Myanmar (antigua Birmania) llevaban semanas pendientes de una palabra. Rohingya. La valentía, cobardía o diplomacia del Papa en su viaje a este país en plena transición democrática se mediría en si pronunciba estas ocho letras durante su estancia. Sí que salieron de su boca recientemente en la plaza de San Pedro. Criticaba entonces el líder de la Iglesia católica el éxodo de más de 600.000 miembros de esta minoría musulmana, expulsados sistemáticamente de sus casas por militares birmanos. Pero una cosa es decirlo en el Vaticano y otra muy distinta, en Myanmar, donde la palabra es anatema.

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