El duende del Sevilla

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Se trata de un intangible. Quizás un acto de fe. Probablemente un duende que acompaña a un Sevilla que se ganó un punto de manera increíble ante un magnífico Eibar. El partido del Sevilla fue malo. El del Eibar, bastante mejor. Pero cuando nadie lo esperaba, con un 0-2 en contra y el VAR certificando un justo fuera de juego que era el 0-3, con un futbolista menos por la expulsión de Banega, el Sevilla jugó un partido excepcional de cinco minutos para hacer dos goles y estar a punto de darle la vuelta al marcador en lo que hubiera sido una auténtica locura. No hay tratado que explique el desenfreno de esos cinco minutos, el goce de una afición que pitaba a los suyos y que saltó de alegría con el empate. Fue un pequeño milagro de este equipo que nunca se rinde. Pero también un aviso porque el Sevilla anda en un periodo de dudas. Quizás de ese letargo le puedan sacar futbolistas como Navas, que revolucionó el tramo final del encuentro, y Bryan Gil, un joven talento de la cantera que mostró fútbol y carácter para forjar el increíble empate cosechado por el Sevilla.

Sevilla, 2-Eibar, 2

Sevilla: Vaclik; Promes, Carriço (Bryan Gil, m. 74), Kjaer, Wöber, Escudero (Navas, m. 61); Banega, Mesa (Vázquez, m. 62), Sarabia; Ben Yedder y André Silva. No utilizados: Soriano; Sergi Gómez, Amadou y Munir.

Eibar:  Riesgo; Peña, Ramis (Oliveira, m. 57), Arbilla, Cote; Orellana, Diop, Jordán, Cucurella; Sergi Enrich (Escalante, m. 72) y Charles (Kike García, m. 82). No utilizados: Areitio; Bigas, Sergio Álvarez y Cardona.

Goles: 0-1. M. 22. Orellana. 0-2. M. 63. Charles. 1-2. M. 88. Ben Yedder. 2-2. M. 92. Sarabia.

Árbitro: Iglesias Villanueva. Expulsó a Banega (m. 84) por doble amarilla. Amonestó a Escudero, Jordán, Navas y Ben Yedder. Árbitro de VAR: Medié Jiménez.

Sánchez Pizjuán. 36.343 espectadores.

Buen Eibar, fuerte, rápido, siempre bien colocado, que se fue del partido en cinco minutos fatídicos. Sólo cayó doblegado ante la magia de Nervión. Su partido, en líneas generales, fue magnífico. Un ejemplo de cómo competir en un estadio tan complicado como es el del Sevilla, donde solo haciendo las cosas muy bien se logran objetivos. Otra cuestión a trabajar por Mendilibar y los suyos es analizar cierta desconexión después del 0-2.

El fútbol es un enigma. El Sevilla jugó un partido muy discreto en Vigo, donde perdió ante el Celta sin el menor vigor físico. Muchas de las causas de la derrota en tierras gallegas vinieron argumentadas en la falta de chispa de un equipo que, además, había sido vapuleado en la Copa ante el Barcelona. Se supone, al menos desde la distancia del análisis, que el equipo andaluz, por fin, había dispuesto de una semana de descanso para preparar el partido ante el Eibar. Tiempo suficiente, al menos en apariencia, para conocer bien las virtudes del conjunto vasco y saber atacarlas. Lo que se vio, sin embargo, fue una magnífica disertación del Eibar, que le dio un repaso al Sevilla, algo chisposo al principio, pero superado por el fútbol de verdad del conjunto de Mendilibar.

Solo desde una superioridad física y un planteamiento atrevido se puede entender que el Eibar se llevara todos los balones divididos ante el Sevilla y que, además, intentara robarle esos balones, uno tras otro, en su propio campo. La propina fue un golazo de Orellana destrozando el sistema defensivo del Sevilla. El control orientado para quitarse del medio a Kjaer fue inmenso, como su protección de balón ante el acoso de Carriço. La guinda, el golpeo que batió a Vaclik. El Sevilla, siempre poderoso en Nervión, no atinaba a controlar el tiempo de un partido jugado a un ritmo altísimo, lleno de balones largos que, a su vez, provocaban un número tremendo de pelotas divididas, que siempre se llevaron los jugadores del Eibar. La respuesta del Sevilla ante el acoso vasco fue apelar al balón en largo, un recurso muchas veces inservible ante la rapidez de los defensas del Eibar. También por la incapacidad local para hacerse con el rechace. Gracias a un buen trabajo, los pupilos de Mendilibar siempre estaban mejor colocados.

Fue normal que llegara el segundo gol vasco en una gran jugada de estrategia culminada por ese delantero de garantías como es Charles. También ayudada por la pasividad de una zaga andaluza que no defendió con tensión ni colocación. Todo parecía perdido, sobre todo después de la tarjeta roja a un ansioso Banega en el minuto 84. Kike García hizo el tercero, pero el VAR ratificó el fuera de juego del delantero del Eibar. Muy justo, por cierto. Entonces, se desató la tormenta. Con más corazón de cabeza, el Sevilla rescató un punto en un partido que tenía perdido. Lo dice su himno y lo reafirmaron unos jugadores que tuvieron un gran espíritu hasta el final, con todo perdido y en un ambiente complicado: el Sevilla nunca se rinde. Agarrado a lo irracional, ahora Machín y los suyos deben recurrir al análisis porque el Getafe y el Valencia aprietan. Otra buena pelea en esta Liga se atisba en el horizonte: la de la cuarta plaza.

Fuente El País - España