La conexión española del avión de Emiliano Sala

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Eduardo Hernández Vidaurreta es un experimentado piloto burgalés de 65 años. Entre los años 2012 y 2015, estuvo al mando de la avioneta Piper PA-46 Malibu, con matrícula N264DB, que se hundió en el Canal de la Mancha el pasado 21 de enero con el futbolista argentino Emiliano Sala a bordo, cuyo cuerpo fue hallado el pasado miércoles. Su testimonio a EL PAÍS arroja luz sobre la tragedia aérea aún sin aclarar. También ayuda a conocer mejor el historial de la aeronave, convertida en el foco de atención de los investigadores británicos desde el hallazgo de los restos el pasado domingo. “Este avión era una maravilla de volar, me extrañaría que el accidente fuese por un fallo mecánico”, asegura por teléfono.

Hernández es piloto comercial en España desde el año 1976. También posee una licencia norteamericana desde septiembre de 1989, según se consta en el portal de la Federal Aviation Administration (FAA), la aviación civil estadounidense. Fue precisamente por llevar este título lo que le llevó a ponerse al mando de la avioneta Piper Malibu. “El avión perteneció a una escuela aeronáutica en Florida que lo usó mucho. En 2012 fue traído a España por un amigo mío, un buen piloto también, pero que no tenía la licencia norteamericana. Me ofreció entonces ser su chófer”, relata Hernández.

El amigo se llama Roberto Sastre. Es un empresario de Valladolid que adquirió la aeronave en 2012, por una cantidad cercana al medio millón de euros, según explica a este diario. “Fue como un capricho, quería regalárselo a mi familia. De hecho, lo usé solamente a modo de recreo, nunca para el trabajo. En cada ocasión pedí a Eduardo que me llevara a los sitios porque tenía la titulación adecuada. Con mi esposa, fuimos al puerto de Málaga algún fin de semana o a la Feria de Sevilla, por ejemplo”.

En total, el Piper Malibu acumuló unas 200 horas de vuelo en cuatro años; es decir, unas 50 al año, según reflejan los apuntes de Hernández. “No me dio ningún problema. Si hay una persona que busca un motivo mecánico para explicar el hundimiento del avión, creo que se está equivocando”, dice Hernández, en contraste con el mensaje de audio que mandó a sus familiares el propio futbolista desde la avioneta, el 21 de enero: “Parece que el avión se está por caer a pedazos. (…) Si en una hora y media no tienen novedades mías, no sé si van a mandar a alguien a buscarme porque no me van a encontrar, pero ya saben... Papá, qué miedo tengo”.

“No se rompió a pedazos”

“El avión no se rompió a pedazos, esto seguro de que no”, se reafirma Hernández, que a su vez asegura que el avión se trajo a España con el motor ya cambiado. “No era el original, de 1984. No lo permite la FAA”, precisa. Es el año en el que se fabricó la avioneta en Estados Unidos. También afirma que entre 2012 y 2015 “no se volvió a cambiar el motor” y que se revisó una vez la hélice en un taller de Alemania.

Añade que el aparato llevaba chalecos salvavidas y botellas de oxígeno de emergencia cuando se vendió a la empresa inglesa, Southern Aircraft Consultancy Inc Trustee, que lo adquirió el 25 de agosto de 2015, según reza la factura todavía en posesión de Roberto Sastre. “Lo vendí a los ingleses porque me faltaba dinero”, dice el penúltimo dueño del Piper Malibu. “La empresa que lo compró mandó un mecánico a España para inspeccionar el avión. No se detectó nada importante. Este avión se podía comprar, estaba en buen estado”, prosigue.

Dispuestos a colaborar

En aquella ocasión, el piloto español conoció a David Henderson, el inglés que iba a ser su sustituto al mando de la avioneta privada. Por un motivo desconocido, Henderson no se subió al avión el pasado 21 de enero para llevar a Sala de Nantes a Cardiff. A los mandos se puso David Ibbotson, un piloto inglés de 59 años, aún desaparecido, que carecía de la licencia comercial, según refleja el portal de la FAA. Mark McKay, el agente que fletó el vuelo, aseguró que el viaje fue privado.

El Piper Malibu despegó el 21 de enero a las 20.15 desde Nantes. A las 21.23 horas, mientras sobrevolaba el canal de la Mancha, desapareció de los radares. Minutos antes, Ibbotson obtuvo la autorización para bajar el vuelo desde los 1.500 metros de altura a los 700. Tanto Hernández como Sastre expresan a EL PAÍS que estarían de acuerdo en colaborar con los investigadores británicos.

Fuente El País - España