De vuelta a las carreras, de vuelta a Misano, tierra dominada por el amarillo de los seguidores de Valentino Rossi, que reside a escasos kilómetros del circuito que acoge el gran premio de San Marino, Marc Márquez, su rival, a veces pareciera que también es su enemigo, silbado y abucheado en la parrilla y en el podio en este mismo escenario los últimos años, se esforzó por demostrar en una entrevista con una televisión italiana que tenía ganas de volver a llevarse bien con Il Dottore. “Ya he dicho que me gustaría tratar de resolver las cosas para evitar la tensión, y no tengo ningún problema en ofrecerle mi mano”, dijo el español,

En circuitos como Austin o Sachsenring las carreras se viven como si no hubiera ganado nunca nadie antes de Marc Márquez. Como si hubiera arrancado una nueva era. Lo de Austin entra dentro de la lógica. El circuito texano entró en el calendario el año 2013, el mismo curso que el chico de Cervera debutó en la categoría reina. Y, desde entonces, los americanos no conocen más ganador que el 93. En el trazado de la Baja Sajonia ya había ganado en 125cc y en Moto2. Y siguió haciéndolo, como si nada, en MotoGP. Con la de este domingo, bajo un sol radiante, el español suma nueve victorias consecutivas. Antes que él, solo Giacomo Agostini, entre

LEJOS QUEDA ya esa foto de 2008 —¡Oh témpora, oh mores, pura melancolía— en la que un quinceañero Marc Márquez posa junto a su gran ídolo Valentino Rossi, 14 años mayor, en un box del circuito de Montmeló. Los dos sonríen mientras sujetan en sus manos un cochecito de juguete (réplica del Subaru Impreza con el que Rossi corría en ralis) que el joven Marc le acababa de regalar al campeón italiano. Días de encanto y rosas. “No dejes de pelear, no dejes nunca de aprender y fíjate mucho en cómo lo hacen los buenos”, le aconsejó en ese instante feliz Valentino, el rey de la pista, al muchacho rendido de gozo. Y Marc siguió tomando notas, tras

Desde que llegara a MotoGP –y hasta este curso, en que trata de pulir los puntos débiles– Marc Márquez tan solo había ganado una vez en Assen. Fue aquel 2014 en que arrasó con una Honda inalcanzable. Ganó 10 victorias consecutivas, 13 en total. Y el título, claro. Salvo aquel año, el circuito holandés, como los de Jerez, Le Mans o Montmeló, habían sido territorio hostil para el catalán. Sus victorias (39 en MotoGP) se han cimentado estos años (con un 70% de triunfos) en las pistas en las que predominan las curvas a la izquierda. Véase, por ejemplo, su dominio en Austin, donde no ha ganado otro piloto en estos seis años de carreras. O en

Puede que la Honda haya perdido explosividad en aras de un pilotaje más confortable, de una moto más estable, menos cambiante, que no dependa de en qué escenario se compita, de si el circuito gira en el sentido tradicional, como Assen, o en el sentido contrario a como giran las agujas del reloj, como Sachsenring. Puede que esta Honda más equilibrada no destaque tanto como antes en sus puntos fuertes, la frenada, por ejemplo, pero tampoco acuse como el año pasado sus puntos más débiles, a saber: la inestabilidad o la aceleración. Puede que ya no sea la mejor moto para una vuelta rápida. Pero si hay alguien que no ha perdido ni un ápice de

Es Mini Moke el coche playero por antonomasia: rudimentaria carrocería sin puertas ni techo, neumáticos anchos y un peso ridículo para poder circular con el pelo al viento (más tarde le siguió el Citroën Méhari, más escueto aún, con la carrocería de plástico). El Mini Moke nació en 1959 por encargo del gobierno de Reino Unido, para dar un uso militar al Mini a secas. La idea era lanzarlo en paracaídas a zonas de conflicto, pero su escasa altura hacía que encallara en cuanto salía del asfalto y su uso quedó restringido a lo estrictamente lúdico. El original no se fabrica desde 1993, aunque todavía es popular en las islas Seychelles y otros

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