La Galia eterna

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No hay ninguna regla escrita que aconseje o desaconseje que los personajes de historieta europeos sobrevivan más allá del fallecimiento o el retiro de sus creadores: de momento –y si la revisión de derechos no contradice la voluntad de Hergé-, Tintín permanece fijado en el eterno esplendor de su inamovible canon, mientras que, por ejemplo, Corto Maltés sigue viviendo nuevas aventuras más de veinte años después de la desaparición de Hugo Pratt sin que la labor de los responsables de su resurrección –los españoles Rubén Pellejero y Juan Díaz Canales- discurra por los cauces del rutinario ejercicio de estilo. Con todo, cada nuevo álbum de Astérix confiado a la autoría única de Albert Uderzo parecía confirmar que había sido una mala idea prolongar la vida del aguerrido galo tras la muerte de su guionista René Goscinny. Por lo menos hasta que apareció Astérix y los Pictos, álbum en el que Jean-Yves Ferri y Didier Conrad tomaron el relevo con algo más que un mero respeto a los orígenes.

ASTÉRIX: EL SECRETO DE LA POCIÓN MÁGICA

Dirección: Alexandre Astier y Louis Clichy.

Animación

Género: comedia. Francia, 2018

Duración: 85 minutos.

Un año después de ese traspaso de poderes, los cineastas Alexandre Astier y Louis Clichy estrenaron La residencia de los dioses (2014), película que marcaba un punto de ruptura con respecto a las muy desiguales adaptaciones al cine de imagen real de la serie, apostando por la animación digital y por la adaptación razonablemente fidedigna de un álbum de la época dorada. Con Astérix: El secreto dela poción mágica, Astier y Clichy dan un paso temerario: embarcar a los míticos personajes en una nueva historia de cosecha propia. La grata noticia es que el atrevimiento les ha salido tan bien como en su día les salió a Ferri y Conrad su toma de posesión del imaginario de Uderzo y Goscinny.

Astérix: El secreto de la poción mágica es una película plenamente consciente de que su receta no puede sacarse demasiados ingredientes de la manga. Todo lo reconocible –desde los sufridos piratas hasta las legiones romanas resignadas al mamporro- está ahí y funciona con precisión y gracia. Y la idea de confiar los flashbacks al trazo visceral del esbozo es, directamente, gloriosa.

Fuente El País - España