“La ansiedad es una expresión exacerbada del miedo”

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Cuando a Amalia Andrade (Cali, 33 años), escritora, periodista, ilustradora, le diagnosticaron trastorno de ansiedad generalizado, agudizado por un trastorno de pánico con agorafobia y trastorno de fobia específica, se acordó de cuando su madre le decía, de niña, que ella era “como la princesa del guisante”. Por entonces ella creía que se refería a que era “única”; después del diagnóstico, después de pedir que cerraran todas las ventanas por miedo a no poder controlar su deseo de querer tirarse por cualquiera de ellas, cayó en la cuenta de que lo que su madre en realidad siempre había querido decir es que era sensible. Demasiado sensible. Amalia, autora de la archivendida Uno siempre cambia al amor de su vida (por otro amor o por otra vida), coleccionaba, sin poder remediarlo, miedos. Llevaba demasiado tiempo haciéndolo. Y un día explotó.

De pequeña, tenía miedo a perder a su madre. Cuando despertaba por la noche, corría a su habitación, como correría una joven madre a la habitación de su bebé, para asegurarse de que seguía allí y de que respiraba. Tuvo horribles crisis de asma que, en realidad, estaban motivadas por el miedo. ¿A qué? Quién sabía entonces. Luego llegó el miedo al vómito, después de su primer vómito, que le impidió empezar a hacer cosas como viajar en autobús. Odiaba los viajes al colegio, pero no tenía otro remedio que hacerlos. Y sufría horrores. A aquel miedo se le sumaron otros. Pequeños, aparentemente ridículos, pero igualmente desestabilizadores. Hasta que a los 19, la atropelló un autobús y, desde entonces, cruzar una calle, cualquier calle, se convirtió en una pequeña odisea. Aún lo sigue siendo. Aunque cada vez que cruza una se siente afortunada.

Cuando dejé de cruzar calles, el miedo empezó a crecer. A ejercer cada vez más poder sobre mí. Y me di cuenta de que eso es lo que ocurre cuando dejas el miedo a un lado, cuando intentas vivir como si no existiera, evitándolo

Amalia Andrade

“Cuando dejé de cruzar calles, el miedo empezó a crecer. A ejercer cada vez más poder sobre mí. Y me di cuenta de que eso es lo que ocurre cuando dejas el miedo a un lado, cuando intentas vivir como si no existiera, evitándolo. Lo que tenemos que hacer es enfrentarnos a él. No darle tregua. Intentar conocerlo tan bien como él nos conoce a nosotros. Y empezar a sentirnos valientes. A sentirnos bien cada vez que lo superamos, y a hablar de ello”, dice Andrade. Precisamente para hablar de ello, para tratar de “convertir lo negativo en positivo” y explicarse a sí misma por qué estaba pasando lo que estaba pasando y, más importante, cuál era el camino para acabar con ello, escribió Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas (Temas de Hoy), suerte de memoir con instrucciones, de ensayo ilustrado y amigable, de talismán con aspecto de brújula que rodea al lector de todo lo que se sabe sobre el miedo y le insta a que elija su manera de escapar a él.

Pero ¿existe una manera? Existen dos, en realidad, según Andrade. “Puedes meterte en un viaje de conocimiento profundo, para descubrir su origen y, como decía, conocerlo tan bien como él te conoce a ti, o puedes limitarte a enfrentarte a él sin más”, responde. Por ejemplo, en el caso de su fobia a volar, lo que hizo que la superara —“¿o no estoy aquí a nueve horas de vuelo de Colombia?”, se dice, y se ríe— fue “la exposición prolongada”. “Descubres que la ansiedad aumenta hasta parecerte insoportable, pero que siempre acaba pasando. Pero uno tiene que saber que pasa para poder soportarla”, considera. Por eso cree que necesitamos hablar más del miedo, porque el miedo se alimenta de nuestro silencio. “No hablamos del miedo por miedo a que se haga realidad y ahí nos vamos encerrando, y eso solo beneficia al miedo”, dice. ¿Y qué tienen en común el miedo y la ansiedad? “La ansiedad es una expresión exacerbada del miedo”, contesta.

En tanto que sistema “ferozmente individual”, el capitalismo se alimenta del miedo porque “siempre ha ido de la mano del catolicismo, que utiliza la culpa y el miedo para controlar a sus fieles”. “No hay nada mejor que el miedo para gobernarnos”, sentencia la escritora e ilustradora, que cree que el hecho de vivir en una sociedad “demasiado aferrada a la identidad” está haciendo que estos tiempos sean aún más convulsos de lo habitual para aquellos que sufren algún tipo de fobia, o que viven con miedo, que están al borde siempre de una crisis de ansiedad. “Podría decirse que, como sociedad en la que la identidad está en cuestión, estamos viviendo una crisis de ansiedad”, asegura Amalia, que, en su investigación, descubrió que, durante un tiempo, los científicos creyeron que podían encontrar alguna especie de antídoto que acabase con el miedo. Una pastilla que lo desarticulase. “Entonces descubrieron que el miedo funciona en las mismas áreas del cerebro que la valentía, por lo que si inventaban algo que anulase el miedo, también estaban anulando la valentía”, dice. De ahí, quizá, la famosa máxima —“Lo que no te mata, te hace más fuerte”—, “porque es el miedo el que nos da valor”.

Así, no hay que dejar “que tome decisiones por ti”, debes convertirlo en “tu salvavidas”. Porque “tus miedos pueden salvarte la vida”, pero para eso “vas a tener que convertirte en su mejor amiga”. “Conocer tus miedos te permite crear límites y eso te da seguridad”, asegura Andrade, que está convencida de que crecer “es la cosa que más miedo da del mundo”. ¿Por qué? “Porque al crecer uno tiene que ser su propio padre o su propia madre, tiene que proveerse de amor, cuidado, confort, y ponerse los límites dentro de los que se sentirá bien”, contesta. No hay nada mejor para conocer a una persona que saber cuáles son sus miedos. “A mis amigas les digo que cuando conozcan a alguien no le pregunten qué libros le gustan o qué música escucha sino qué le da más miedo: lo que nos asusta dice mucho de nosotros”, dice. “Si conociera a Beyoncé —a Amalia le encanta Beyoncé— le preguntaría a qué le tiene miedo”, dice a continuación. ¿Y qué cree que respondería? “No sé, pero una vez le preguntaron a qué sabía el éxito y ella dijo que a miedo, porque antes de conquistar todo lo conquistado, había sentido mucho miedo”, responde.

Fuente El País - España