Amaia vence por goleada a ‘Operación Triunfo’

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Amaia siempre estuvo por encima de Operación Triunfo. Después de ganar el concurso televisivo, ser la última representante de España en Eurovisión —junto a Alfred— y convertirse en un icono mediático, hay mucha expectación por saber qué Amaia le espera a la música española. La respuesta ya es clara: una artista por encima de fenómenos comerciales, una chica que busca su camino sin depender de mercaderes, atendiendo a razones artísticas, personales.

Es una suerte. La cantante veinteañera tiene talento, como ya demostró en OT. Se agradece, por eso, que ahora esté cocinando un disco con Refree, el mismo productor de álbumes para Rosalía, Silvìa Pérez Cruz o Luisa Sobral, pero también que se presente al público en distintos festivales con una propuesta tan alejada de la pecera televisiva y la radiofórmula. Amaia, la misma a la que media España adoraba por ser una chica tan natural en un concurso televisivo medido al detalle, es ahora una cantante y compositora que busca su lugar en el mundo.

En el Mallorca Live Festival, un certamen que este año ha reunido a Jamiroquai, Vetusta Morla, Two Door Cinema Club, Novedades Carminha o La MODA, la joven cantante demostró que tiene claro lo que quiere, a pesar de que no había mucha gente en su actuación. Apenas medio centenar de personas se congregaron en el escenario principal a las 19.15. Hacía un sol de justicia y quizá no era el público deseado para una intérprete que todavía no tiene discos, pero fue un momento importante. Amaia, cuyo álbum será tal vez el lanzamiento discográfico más importante del mercado español, quería defender su propuesta.

Es una propuesta näif, tal y como se presenta ella al mundo. Su música es natural y sencilla. Es de agradecer enormemente que Amaia se haya despojado con tanta facilidad de los peajes de la horrorosa academia televisiva y se esté mostrando al mundo como es ella. Una chica que ama la música, que canta mejor que la mayoría y que tiene curiosidad por aprender de un oficio que, desde que los anales, se hace en las salas, en los estudios de grabación, en el calor de profesionales que respetan la canción y no el negocio. Los especuladores jamás han hecho ni harán una sola canción que nos dé razones para adorar la música.

Amaia tiene desparpajo y canta con la franqueza de una veinteañera que quiere contar cosas, sus cosas, quizás las nuestras. También con la prontitud de una joven que se sabe afortunada y agradecida y, con eso, va impulsada a la noble ambición de dedicarse a su pasión. En Mallorca Live Festival, dio un buen concierto, aunque mejorable. Lo interesante es su camino, aunque su discográfica —Universal— y su agencia de contratación —El Segell— estén tan preocupados en cada paso que da que quieran hacer a veces como que no está cantante en festivales a la espera de la salida de su disco en otoño. Es una joya en manos de dos pesos pesados del negocio: la multinacional que controla a los músicos de OT y la gente del Primavera Sound, un festival que en el fondo es el gran ideólogo del indie español. Es una mezcla curiosa y difícil, pero que demuestra que hay artistas transversales. Amaia lo es. Y es muy importante que alguien tan joven y con tanto talento no esté condicionada al negocio de la radiofórmula ni haga directos vacuos.

Acompañada de una banda sólida, donde destaca la presencia de Nuria Graham —por la que pidió un aplauso—, Amaia empezó al órgano y luego cogió la guitarra. Cantó canciones del futuro disco que todavía no se conocen nombre ni nada. “Vamos a mentir. Vamos a engañarnos juntos”, dijo al órgano con una voz plena. “Te quiero con todas las mentiras… Mi cuerpo ya no es mi cuerpo. Es de estas manos que me hacen quebrar”, cantó en otra. Sus nuevas canciones, a veces, se mueven en la canción francesa ligera, con ese toque tan nostálgicamente buscado. Otras parecen sacadas del baúl de la canción melódica española. Y en otras es como si tuviese en la mira al indie español más tranquilo. Su música es versátil y repleta de influencias sentimentales. “Como habéis comprobado no sé bailar”, dijo con su gracia natural con su vestido de encaje rojo.

Uno de los grandes momentos llegó con Ahora sí, la canción que canta con Carolina Durante. Sentada al órgano, convirtió el tema en una balada. Con Carolina Durante hace una canción acelerada, un grito de rabia de viernes de pasado de rosca, pero en solitario, sobre el escenario, ella lo convierte en una plegaria simple que alcanza una clímax contundente en el estribillo. El grito de socorro de Amaia es de un nivel sobresaliente, es uno de sus grandes poderes como vocalista, capaz de tumbar al menos pintado. Por eso, se espera mucho de ella en los medios tiempos y en las baladas, en esos cantos de corazón abierto, como ya dejó ver en OT y como es previsible que haga en el futuro, situándola en un lugar privilegiado en la canción melódica española.

Cuando cantó El relámpago, canción con la que cerró su actuación, se vio que Amaia va en serio. Es una canción que demuestra a las claras que esta joven cantante fija su mirada en Zahara, Annie B. Sweet, Natalia Lafourcade y otro buen puñado de nombres independientes y talentosos antes que en cualquier estrategia de estrellas de salón. Le quedan bastantes cosas por hacer y lo mejor es que ella parece saberlo. Cuando todo termine por acoplarse, Amaia será una artista que, definitivamente, categóricamente, ganará por goleada al concepto OT. La música ganará una artista. El negocio interesado perderá un producto.

Fuente (Fotos y Texto) El País - España