La peligrosa naturalización de los machismos

Fuente: El País - España

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“Ser mujer es más complejo en cualquier campo. También en el cine”, afirma sin dudar la argentina Lorena Muñoz, una directora que cuenta en su haber con premios como el de Mejor Película Latinoamericana y Mejor Película Nacional de 2003 de la Fipresci, por Yo no sé qué me han hecho tus ojos, y múltiples reconocimientos por su trabajo como documentalista. Para ella, los motivos son muchos, aunque el primero que cita es la conciliación: compaginar la familia y la profesión. Porque de alguna forma, y a pesar de todo, a una parte de las directoras también les da por ser madres… deja a entender la cineasta. Responde junto a la también directora mexicana Lucía Gajá y a la productora y directora mexicana Tatiana Graullera. Son parte de las invitadas al Festival Cine por Mujeres, que celebró la semana pasada su segunda edición en Madrid. El propósito del encuentro: hacer visible el trabajo y punto de vista de las mujeres en la creación audiovisual. 

Y aunque ninguna de las tres entrevistadas es partidaria -en principio y como solución estrella, de las cuotas para incrementar la mirada de ellas en el cine- todas coinciden en que son necesarias de momento. Por lo menos hasta que haya cierta igualdad. “O mejor, hablemos de equidad”, matiza Lorena Muñoz. 

Sobre su oficio, la producción, aunque Graullera señala que resulta igual de complejo conseguir financiación siendo hombre o mujer, sí cree que lo que habría que revisar son los comités de selección, mayormente masculinos: “No puede ser que solo sean hombres quienes discuten qué se filma”, anota. Con ellas, cuando filman, dirigen y escriben simplemente cambiaría la perspectiva de quienes cuentan y quienes protagonizan las historias. “La narrativa habitual y a la que el público está acostumbrado es la que vehiculan personajes protagonistas masculinos y mujeres en roles secundarios. La mujer además está constreñida a roles de icono erotizado, cuando no de vamp o mujer fatal, y si no, de esposa abnegada que cuida del hogar y los niños mientras su esposo combate el crimen,  hace la guerra, vive aventuras o se corona de éxito como superhéroe, artista, líder, científico o deportista”, comenta al respecto Carlota Álvarez, codirectora del festival.

Lucía Gajá, con un cine muy vinculado al documental y los derechos humanos y reconocido también en grandes festivales, hace énfasis en la necesaria solidaridad entre mujeres cineastas para luchar contra la brecha de género. En su discurso, habla de “hermanas” para referirse a sus colegas y recuerda que la unión hace la fuerza y que esta es necesaria para conquistar los espacios que ocuparon siempre los hombres. Y sin darle importancia, surge en la conversación lo brutal que es esa “naturalización" de los esos machismos en el cine. Lo apunta Lorena Muñoz, que recuerda que sus compañeros de cine se sorprenden del reclamo, quejas o manifiestos de las mujeres por jugar y filmar en las mismas condiciones. “¿Es para tanto, te pasó?”, dice que le preguntan todavía sorprendidos. En esa misma línea, la argentina cuenta su última sorpresa: encontrarse en el equipo de guionistas para una serie de mujeres a un grupo solo de hombres. Pero ojo, a pesar del claro desequilibrio, del avance y presencia de mujeres en las profesiones más técnicas y lo mucho que queda por hacer, la argentina también advierte con miedo de la “moda” del cine hecho por mujeres. Su angustia es que pase y no perdure.

Más diferencias, más matices, más cuidados: Tatiana Graullera señala que, en un proyecto con muchos hombres de protagonistas, llevan a otros hombres en su equipo, como protocolo de seguridad. 

Soluciones para la equidad

Uno de los temas abordados durante esta segunda semana de cine creado por mujeres ha sido la búsqueda de soluciones y políticas igualitarias. “Contar, hacer estadísticas y señalar la evidencia de la desigualdad y fomentar políticas públicas que mediante incentivos impulsen la paridad”, apunta Carlota Álvarez, codirectora del certamen. Para ella, es importante promocionar las obras realizadas por mujeres que a su vez lleven a otros modelos de conducta desplazando la hegemonía del relato masculino.

Fuente (Fotos y Texto) El País - España