¿Sabía el barón Thyssen que estaba comprando arte robado por los nazis?

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La escena se produce en octubre de 1976. El barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, uno de los mayores expertos en el mercado de arte del mundo, está en la galería de arte Stephen Hahn, en el 960 de Madison Avenue, Nueva York. Ante él tiene un cuadro del impresionista francés Camille Pissarro llamado Rue St Honore, apres-midi, effet de pluie (calle de San Honore, por la tarde, con efecto de lluvia), pintado en 1897. No desaprovecha la oportunidad y lo compra por 275.000 dólares, junto con otros tres cuadros. Cuatro décadas después, una familia trata de demostrar en un juzgado que el barón sabía, en ese momento, que ese cuadro había sido robado por los nazis a sus antepasados.

El último capítulo de una larga batalla judicial para recuperar ese cuadro, que hoy está en el museo Thyssen de Madrid, se produjo este martes a las ocho de la mañana en un juzgado de Los Ángeles. La demanda original la presentó en 2005 Claude Cassirer, nieto de Lilly Cassirer. Los Cassirer habían comprado el cuadro en 1900 para la conocida galería de arte que tenían en Berlín. Después de cerrar la galería, el cuadro estuvo en su casa, incluso hay una fotografía en la que se ve en el salón. En 1939, Lilly Cassirer y su marido fueron dos de los miles de judíos que tuvieron que huir de la Alemania nazi. A cambio de visados para salir del país, los nazis le compraron el cuadro por el equivalente a 360 dólares en una venta forzada. Su hermana Hannah murió en los campos de exterminio.

El cuadro reapareció en los años 50, cuando fue adquirido por coleccionistas en Estados Unidos. Después de comprarlo el barón, lo llevó a su villa y lo mostró en revistas. La colección pasó a manos del Estado español en 1993. Los Cassirer aseguran que se enteraron de la existencia del cuadro en el año 2000, cuando un amigo les dijo que lo había visto en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Está valorado en al menos 30 millones de dólares.

Las etiquetas arrancadas

El caso original acabó en la Corte de Apelaciones de San Francisco, que el año pasado dio la razón a la Fundación Thyssen-Bornemisza (gestora del museo) en lo relativo a la legalidad de la adquisición de la obra, tanto en la compra por parte del barón como en la posterior por parte de España. Sin embargo, dejó abierto un ángulo legal que podría dar la razón a los demandantes: la cuestión de si el barón Thyssen compró el cuadro de buena fe, es decir, si sabía la historia que tenía detrás. Esa es el interrogante del que depende ahora el caso.

Tras la muerte de Claude Cassirer, su hijo David continúa la demanda. La familia Cassirer está representada por el conocido abogado David Boies. Este martes, Boies interrogó a todos los expertos en la colección Thyssen tratando de buscar un ángulo que abriera dudas sobre la buena fe del barón en la compra del cuadro. Uno de ellos fue el abogado Fernando Pérez de la Sota, socio del bufete Uría Menéndez, que formó parte del equipo que negoció la compra de la colección por parte de España en 1993. Boies presionó a Pérez de la Sota sobre las comprobaciones que se hicieron sobre el origen de la colección. Pérez de la Sota defendió la investigación del equipo legal, que incluso se estableció un fondo de 10 millones de dólares porque existía un “riesgo estadístico mínimo” de que algún cuadro tuviera una procedencia dudosa. En un momento del interrogatorio, Boies preguntó directamente si el equipo legal había investigado “actitudes criminales del barón”, o si la familia había comprado en el pasado arte robado. “No”, contestó el abogado español, que explicó que la labor del equipo jurídico era estudiar la documentación de la colección.

A cualquiera que le preocupe la reputación de España debería preocuparle este caso

David Boies, abogado

Los argumentos de los demandantes se centran en que, cuando el barón vio el cuadro en la galería Hahn, se tuvo que fijar en que tenía “varias” etiquetas arrancadas, una práctica habitual de los nazis para borrar el rastro de las obras robadas. Entre ellas, una en la que se lee parcialmente la dirección de la galería de los Cassirer en Berlín. “El barón (uno de los mayores expertos en arte del mundo) estaba delante de un cuadro del que indiscutiblemente sabía que la información de origen estaba mal y un enorme vacío en la procedencia del cuadro que abarcaba casi un siglo e incluía el periodo nazi. En otras palabras, sabía que la información de procedencia del cuadro era incompleta e inexacta”, dicen los demandantes en su escrito. “El barón, un sofisticado coleccionista de arte involucrado en los crímenes de los nazis, sin duda sabía lo que estaba comprando. Arte robado por los nazis”.

En sus argumentos, los demandantes tratan de presentar al barón como un simpatizante del régimen nazi. En su demanda recuerdan que la empresa acerera de su familia “tenía mucha relación con los nazis” y que su tío y su padre financiaron al régimen. “El barón estaba al tanto de las atrocidades de los nazis, de la participación de su familia en ellas, de que se beneficiaron de sus crímenes y del robo de propiedades judías”. El barón falleció en 2002.

En conversación con EL PAÍS el lunes, antes de la vista, Boies acusó al Estado español y la Fundación Thyssen-Bornemisza de querer utilizar “tecnicismos de la ley española” para resistirse a la devolución del cuadro. “Es reprochable que un país como España, una democracia miembro de la UE, ignore principios básicos”, dijo Boies. Es un comportamiento de bandoleros, estoy muy decepcionado con España. A cualquiera que le preocupe la reputación de España debería preocuparle este caso. No debería ser necesario poner una demanda para forzar a un museo oficial a devolver arte robado”.

El abogado de la Fundación Thyssen-Bornemisza en Los Ángeles, Thaddeus Stauber, aseguró a EL PAÍS después de la vista que confían en la resolución del caso porque el interrogatorio del martes no descubrió nada nuevo en la información que ya estaba en la causa. “Lo importante de la vista de hoy es que se demuestra la buena fe de la Fundación al participar en este ejercicio”, trayendo desde España a todos los testigos que han pedido los demandantes. Stauber le da especial importancia al hecho de que “la adquisición se hizo para mostrar el cuadro al público, no hacer negocio con ello”. En cuanto a la insinuación sobre las simpatías nazis del barón, Stauber declinó valorar la estrategia de su contraparte.

La vista duró unas cinco horas. Ambas partes deben enviar al juez sus conclusiones sobre lo que sucedió este martes en la sala antes del próximo 19 de diciembre. Fuentes de las partes esperan una sentencia en la primavera de 2019. Una decisión judicial sobre qué estaba pensando el barón Thyssen aquel día de hace cuatro décadas frente a un cuadro impresionista en Nueva York.

Fuente El País - España