Los garabatos de un “coloso del arte occidental”

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Toda investigación a fondo de la obra de un artista hace que emerja la esencia de su forma de crear y, a menudo, la personalidad del autor. En estos estudios científicos se suelen producir sorpresas sobre la autoría. A veces gratas y otras no tanto. Dos conservadores del Prado, Manuela Mena, máxima experta mundial en Goya, y José Manuel Matilla, jefe de Dibujos y Estampas del Prado, llevan cinco años trabajando en la investigación más importante realizada hasta ahora sobre el pintor de Fuendetodos. Este miércoles por fin se ha dado a conocer el primero de los cinco volúmenes dedicado al dibujo de Goya, un proyecto financiado por la Fundación Botín en el que se perfila el trazo más genial y personal del artista, “un coloso del arte occidental”, en palabras de Falomir.

Carta de Goya a Martín Zapater.
Carta de Goya a Martín Zapater.

Pero también sirve para poner orden en algunas atribuciones que se habían dado por buenas hasta la fecha. La mala noticia afecta a seis dibujos: un retrato del museo de Boston, dos de la Academia de Zaragoza, uno del Instituto Valencia de Don Juan, otro de un coleccionista particular y el San Francisco de Borja propiedad de El Prado. La parte positiva atribuye su autoría a un dibujo preparatorio para la Pradera de San Isidroy una carta dirigida a su íntimo amigo Martin Zapater encabezada por un corazón rodeado por una peculiar red de vasos sanguíneos. Esta carta, propiedad de un particular ha sido adquirida para el Prado por la Fundación Botín y la Asociación de Amigos del Prado. Se presentará al público el próximo martes y ha llamado la atención durante la presentación. ¿Abona esta misiva la teoría de la supuesta homosexualidad de Goya? Responde Manuela Mena: "Es imposible deducir nada de las cartas. Eran muy amigos pero nadie puede llegar más allá.  Se dice que un sobrino nieto eliminó las cartas más comprometidas pero yo opino que lo hizo por razones políticas, no sexuales".

Mil dibujos

El director del Prado, Miguel Falomir valoró la desatribución de uno de los dibujos propiedad del museo diciendo que cuando “las decisiones están bien argumentadas, se está poniendo en valor el contenido de la colección. Es bueno para todos. Además, perdemos uno (San Francisco de Borja), ganamos otro (el preparatorio de la Pradera) y sumaremos la carta”.

Cuando se hayan publicado los cinco volúmenes de los que consta el proyecto, se habrán examinado unos mil dibujos. En el estudio presentado en Santander, titulado Volumen II (el primero será el último y recogerá las conclusiones), sus 520 páginas analizan 76 dibujos, el Cuaderno Italiano con sus ilustraciones y 242 cartas. Están fechados desde la primavera de 1769 y la de 1771 hasta 1790, con ejemplos de sus libros de dibujos y los aguafuertes de los Caprichos. Escriben en el catálogo Virginia Albarrán, Juan Carrete Parrondo, José Manuel Matilla, Gudrun Maurer, Manuela B. Mena Marqués y Gloria Solache.

Cabeza de ángel dibujada por Goya.
Cabeza de ángel dibujada por Goya.

Los descubrimientos científicos de toda esta investigación, explican Mena y Matilla, certifican que Goya tenía una capacidad única a la hora de producir imágenes y que en algo tan personal como es el dibujo, ajeno a la pintura realizada por encargo, el artista volcaba todo su sentido del humor y su capacidad de innovación. El Cuaderno Italiano está lleno de pistas singulares, según adelanta Manuela Mena. “Allí vemos que, para él, la base de todo es el dibujo. En Italia aprende a buscar la perfección a través del estudio de la Anatomía. Es un artista rápido, increíble y preciso. Tanto a los 25 años como al final de su vida.”

José Manuel Matilla especifica que en el siempre polémico asunto de las desatribuciones, en el estudio se exponen los argumentos científicos, pero que los trabajos quedan abiertos a otras posibles aportaciones. “Todo queda reflejado en el catálogo razonado, incluido aquello que nosotros hemos considerado que no ha salido directamente de la mano del artista. No hacemos borrones en la historia”.

El análisis del Cuaderno italiano ha servido también para examinar los papeles y el tratamiento que de ellos hacía el artista. Faltan páginas, pero ello no ha sido un obstáculo para reconstruir la manera en la que las ordenaba, las filigranas con las que las remataba y otros muchos detalles que hablan de un mundo tan fantástico como riguroso.

¿Hay manera de recuperar esas páginas perdidas? Matilla responde que todo puede ser reconstruido pero que hay que tener mucho cuidado con quienes creen tener esas piezas. Cuenta que es frecuente la llamada de anticuarios o coleccionistas asegurando que tienen en su poder algunas de esas páginas perdidas. “No suele ser así. Muchas son recreaciones recientes o pertenecientes a otros artistas. No hay dudas cuando se trata de Goya”.

La conclusión de toda la obra, los cuatro volúmenes restantes, parece que se va a extender en el tiempo más allá del próximo año. Cuando se presentó el proyecto, en 2014, se habló de 2019 como fecha de entrega. No será así ni tampoco parece que le preocupe mucho a Javier Botín, presidente de la Fundación financiadora del proyecto, quien recuerda que desde hace dos décadas colaboran con el Prado para la investigación del dibujo español (Rosales, Solana, Murillo). Es un proyecto en el que originariamente participó Pérez Sánchez, director del Prado durante seis años, hasta su muerte, en 1891. “Recopilar, reproducir y estudiar cada uno de los dibujos de Goya ha sido para nosotros el ejemplo de como una institución privada puede colaborar con un ente público como el Prado. El resultado es una obra de referencia mundial”, asegura. 

Fuente El País - España