La engorrosa lucha de China contra la polución del aire

Salud
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Mayor incidencia de cáncer de pulmón. El doble de posibilidades de morir de un ictus, según cálculos de Greenpeace. Más enfermedades respiratorias. Y ahora, a todos estos riesgos ya sabidos que conlleva la suciedad del aire, un nuevo estudio vincula la polución con un aumento en China de la probabilidad de desarrollar diabetes. En la nación más contaminadora del mundo, las perspectivas son poco halagüeñas. Aunque es cierto que desde 2013, cuando el “airpocalipsis” de Pekín dio la vuelta al mundo con imágenes más propias de Mordor que de una ciudad habitable, este país ha logrado importantes avances.

La liga de las ciudades con mayor concentración de PM2.5 —las peligrosas partículas de un diámetro inferior a 2,5 micras con capacidad para infiltrarse incluso en la sangre— está muy disputada. Hanói o Yakarta presentan niveles similares a las peores ciudades chinas. Nueva Delhi y Dacca las superan. La semana pasada, Seúl vivió su propia crisis. Estos días, la palma mundial se la lleva el norte de Tailandia, donde graves incendios han convertido el aire en irrespirable.

China, que en 2019 ha entrado en su sexto año de guerra contra la contaminación del aire, vivió en 2018 su año más limpio, ayudado por unas condiciones climáticas muy favorables y un plan de acción invernal —la época en la que está en marcha la calefacción y la contaminación aumenta— que impuso medidas radicales, especialmente en torno a Pekín. Unas medidas que incluyeron el recorte de la producción industrial y restricciones al tráfico.

Este invierno, sin embargo, los niveles han vuelto a crecer. Un cálculo de Reuters considera que solo seis ciudades redujeron sus concentraciones de PM2.5. Los niveles de partículas crecieron, en cambio, un 13%. Pekín vivió su febrero más contaminado en cinco años, y se veía obligada a emitir una alerta inmediatamente antes del comienzo de la sesión legislativa, el principal acontecimiento político anual.

El Ministerio de Ecología y Medioambiental chino ha ampliado el plan de acción, que entre otras medidas prevé la eliminación gradual de la calefacción alimentada por carbón y el recorte del exceso de capacidad en sectores industriales muy contaminantes, como el acero o el propio carbón. El Gobierno chino prevé centrar sus esfuerzos este año en tres de las grandes áreas más afectadas por la polución: Pekín y su área suburbana, Shanghái y sus alrededores y la zona en torno a Xian.

Un alto funcionario del Ministerio, Liu Bingjiang, declaraba al anunciar la ampliación de las medidas que el aumento este año de la contaminación se debe no solo a un cambio en el patrón meteorológico, más desfavorable este año. También a funcionarios locales que, tras años de ajustes para recortar la contaminación, y ante una economía notablemente más lenta, pensaron que merecían “un descansito tras años de esfuerzos” por cumplir los objetivos contra la contaminación, informa Reuters.

Ante esta posibilidad, el presidente chino, Xi Jinping, ha advertido específicamente contra cualquier tentación de relajar los estándares y permitir retrocesos en los avances de estos seis años.

“No se les ocurra pensar en lanzar proyectos que puedan lograr crecimiento económico a costa de causar daños al medioambiente, ni intentar saltarse las líneas rojas de protección ecológica, por mucho que podamos toparnos con ciertas dificultades en el desarrollo económico”, subrayaba en una reunión la semana pasada con delegados de Mongolia Interior durante los trabajos de la sesión legislativa. Quizá más que ninguna otra nación, China es consciente de que le va la salud en ello.

Fuente El País - España