Los creadores de ‘La zona’: “La televisión como la veíamos en los 90 está muerta”

Cine
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Una explosión en una central nuclear de Asturias es el comienzo de la trama de La zona, serie desarrollada por Alberto y Jorge Sánchez-Cabezudo que llegará a a Movistar + el próximo día 27. Un nuevo paso adelante en la ficción televisiva española, que está viviendo un momento brillante y de plena expansión, como lo confirman el éxito de audiencia en al cadenas generalistas y la apuesta de las plataformas digitales. Sin ir más lejos, Movistar + tiene en cartera también Vergüenza, la comedia de Juan Cavestany y Álvaro Fernández-Armero; y la superproducción La peste, de Alberto Rodríguez, que llegará comienzos de 2018 y que ya ha sido vendida a varios países.

Un cambio que ha llevado a muchos directores de cine (los actores ya habían emigrado mucho tiempo antes) a tomar el camino de la tele. “Lo que está cambiando es el mundo en general; llevo un montón de tiempo solapando cine y tele con la intención de hacer una película, pero siempre se cruza un proyecto de tele interesante. Lo que se cruzó anteriormente fue Crematorio, que yo no cambiaría por nada. Y, ahora, con La zona ha pasado exactamente igual. De repente estábamos con un film y apareció esta serie. Poder producir y tener el control nos sedujo bastante”, afirma Jorge. “Y el tipo de historia también cuenta, una serie te permite entrar mucho más en la historia. Poder desarrollar ocho capítulos y tener la autoría. La tele ha encontrado otros resortes y otras formas para llegar al espectador”, confirma su hermano Alberto.

Esta pareja creativa de hermanos ya habían experimentado con la televisión como medio narrativo en Crematorio, la adaptación de ala novel de Rafael Chirbes, que supuso hace seis años un verdadero acontecimiento. “No sé si ha nivel de público Crematorio fue tan determinante como desde el punto de vista de que llegó a una masa crítica dentro de la propia profesión. Y eso hizo que mucha gente luego recogiera el guante que se había lanzado para seguir haciendo cosas. Eso ayuda a que las cosas cambien. Igual que nosotros cambiamos según nos iban llegando series de fuera, también el público ha ido cambiando. Está más preparado para otro tipo de productos”.

Mientras que su hermano, Alberto, mantiene que la libertad creativa es fundamental a la hora de cambiar la pantalla grande por la pequeña: “En Estados Unidos ya lleva pasando bastante tiempo. El cine es más básico de lo que era el cine hace un tiempo. Cada vez la gente va menos a las salas y lo que se proyecta tiende a unificar al público. Las películas medianas y pequeñas van desapareciendo y, de repente, los creadores encuentran su voz en series y productos VOD. Esto puede ser un horror, pero es lo que está pasando. Lo que no se puede perder es una voz crítica que tenga su canal de expresión. Ya no es cuestión de tele o cine, es una cuestión de pantallas y de consumo privado. El acto social de ir al cine se está perdiendo, se está perdiendo la experiencia audiovisual compartida”.

"Una serie te permite entrar mucho más en la historia. Poder desarrollar ocho capítulos y tener la autoría. La tele ha encontrado otros resortes y otras formas para llegar al espectador"

Ahora, con La zona, cambian las intrigas urbanísticas (y los negocios sucios) en torno a la costa levantina por un paisaje muy diferente. La historia se desarrolla en el norte, más concretamente en Asturias, y comienza tras la explosión que se produce en una central nuclear y que, además de muchas muertes, tiene como consecuencia la creación de una zona de exclusión en la que está prohibido entrar por su alto nivel de radiación. Tres años después del accidente, comienzan a volver a sus casas algunos habitantes, mientras que la zona ya se ha convertido en un lugar ocupado por mafias (otra vez) y gente excluida que quiere sacar provecho a través del tráfico de objetos y mercancías que ha quedado allí abandonadas.

Eduard Fernández, Alba Galocha, Sergio Peris-Mencheta, Alexandra Jiménez, Carlos Bardem, Tamar Novas o Álvaro Cervantes encabezan, entre muchos otros, un reparto coral en el que todos acaban teniendo su momento para el lucimiento. “En todos los personajes, en algún momento dado de la serie, cae el peso total de la historia. Aunque no sean protagonistas, porque es una historia coral, en algún momento todos le pueden sacar un brillo. Todos se sintieron orgullosos. Emma Suárez no aparece hasta el capítulo tres, Luis Zahera le la otro color… La idea era tener un personaje como el que interpreta Eduard (Fernández) que aguanta el peso. Le poníamos la música de Johnny Cash y le decíamos que tirara para adelante como un metrónomo. Y alrededor de él se colgaban el resto de personajes. Entre los guiones y los actores que se fueron sumando, todos comprendieron que iba a ser un proyecto interesante”, recuerda Alberto.

Basada en sucesos reales (y terribles)

"Tuvimos que parar el proyecto por lo que sucedió lo de Fukushima justo cuando estábamos a punto de sacarlo. Eso hizo que al retomarlo nos interesara mucho más"

El thriller, el cine negro, el terror y un fuerte componente social se dan cita en el guion desarrollado por los dos hermanos que surge a partir de los sucesos reales de Chernobyl, hace varias décadas, y el caso más reciente de Fukushima. “Aunque en el punto de partida de la serie también están algunas imágenes de Stalker, de Tarkovsky, con un personaje cruzando la naturaleza como marco de referencia. Eso nos dio pie a investigar lo sucedido en Chernobyl. Tuvimos que parar el proyecto por lo que sucedió lo de Fukushima justo cuando estábamos a punto de sacarlo. Eso hizo que al retomarlo nos interesara mucho más. El hecho de ver lo de Japón como algo de actualidad, además en un sitio que, con sus diferencias, es parecido a España en cuanto a economía de mercado nos impactó mucho y nos hizo tirar para adelante. La pregunta era siempre: ¿te imaginas que esto ocurriera aquí? Esa fue nuestra frase técnica como guionistas, la clave para empezar a currar. Nuestro objetivo era que el espectador lo sintiera como algo local, por eso hemos incorporado muchas cosas de la realidad socio-política española que no está tratadas de forma explícita pero que están ahí y nos gustaría que la gente las identificara”, resume Alberto.

La zona llama la atención, además de por su historia que engancha desde el primera capítulo, por su brillante diseño de producción que incluye un paisaje post-nuclear, escenarios naturales y algunas escenas repletas de extras realmente asombrosas desde el punto de vista técnico. “Hay mucha postproducción con todo el tema de la central, sobre todo para crear y multiplicar universos. A nosotros nos obsesiona la preparación, todo el tiempo que le ganemos al rodaje para poder optimizar recursos y efectos es muy importante. Comenzamos a localizar seis meses antes de rodar, con Jaime Maellas, al que mandamos ‘exiliado’ a Asturias, y nos mandaba cosas que alimentaban la escritura. La naturaleza silenciosa de Asturias y su fauna se parece mucho a lo que puedes ver alrededor de Fukushima; además también tiene la herida de la mina, que ha dejado una gran huella en la sociedad. Muchos extras eran mineros jubilados”.

Jorge Sánchez Cabezudo se dieron a conocer gracias a la gran acogida que tuvo su ópera prima, La noche de los girasoles, un thriller en forma de rompecabezas que estuvo nominado a dos Goya, y se sigue declarando un auténtico romántico del cine. “Me encanta ir a una sala, los festivales… Pero al final todo se resume entre alguien que cuenta una historia y alguien que la escucha. Igual que se dijo cuando apareció el sonoro que el cine había muerto, ahora tampoco ha muerto. Va evolucionando y sabe cómo llegar al público de su tiempo”.

Y su hermano concluye en la misma línea que nuestra forma de consumir está, definitivamente, mutando. “La llegada de Netflix y de HBO ha cambiado todo. Nunca volveremos a ser los que éramos, ni la ficción volverá a ser como antes. La tele de los noventa ha muerto. Incluso las cadenas generalista están cambiando, el público cada vez consume más. Lo que está pasando ahora con Fe de etarras, que se va a estrenar en una sala, y que debería poder optar a los Goya. Ha pasado ya en Cannes y pasará en más sitios. El que manda es el consumidor. Si el público quiere más ficción seriada será por algo”.

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Fuente El País - España