La historia empieza en un teatro de la empobrecida banlieue de París, allá por 2004. Joël Pommerat todavía no era un nombre fundamental de la escena francesa, sino un semidesconocido que estrenaba una obra de 40 minutos pensada para el público infantil. Contra todo pronóstico, ese modesto espectáculo, una peculiar versión de Caperucita Roja repleta de tétricos claroscuros y tránsitos hacia el subconsciente, logró seducir al público adulto. Y provocó algo parecido a un cambio de paradigma dentro del ecosistema francés, en vista de las legiones de imitadores que le han salido desde entonces. Dos años después, el Festival de Aviñón programó

La próxima semana se reunirá en Girona la crema de la escena europea contemporánea. No hablamos solo de los artistas que presentarán en esta ciudad sus espectáculos esos días en el marco del festival Temporada Alta, sino también de quienes en buena parte son responsables de su fama internacional: los programadores de poderosas instituciones teatrales como Aviñón, las citas de otoño en París y Madrid, el Kunsten de Bruselas, el Romaeuropa, el Grec de Barcelona, el Festwochen de Viena, el Foreign Affairs de Berlín, el Toneelhuis de Amberes, el Toneelgroep de Ámsterdam, el NT de Gante, el Odeón de París, los Teatros del Canal de Madrid…