Lo que antes sucedió, vuelve a suceder; lo que antes se hizo, vuelve hacerse. Nosotros no nos acordamos de lo que otros hicieron, ni los que vengan después se acordarán de lo que hicimos. Los que vengan después creerán empezar de nuevo.

No hay perdón, no puede haberlo… Siempre nos preguntamos qué iban hacer, cómo se iban a desquitar los rojos la derrota por la llegada de Guaidó, por esa salida y entrada en la que el joven ingeniero hoy no sólo Presidente encargado de Venezuela sino líder y unificador de la nueva Venezuela los hizo para quedar como unos soberanos pendejos, como unos brabucones que sólo gritan y que nadie obedece ya. El silencio tras el retorno de Guaidó fue el indicador que nos hizo pensar a muchos que algo tramaban y así fue. No nos equivocamos. La podredumbre de sus negras almas brotó; el vaticinio de Delcy Rodríguez se cumplió y lo que comenzó como una

Cuando un grupo de amigos selectos de nuestro inolvidable Eric Ekvall (ver Farewell Eric, en http://ticsddhh.blogspot.com/2013/11/farewell-eric.html), entre quienes se contaba Alfredo Weil, recibimos el mensaje donde nos informaba que le habían detectado un cáncer terminal, despidiéndose prácticamente de nosotros, Alfredo le contestó: “Conmovido por la noticia, pero más por tu actitud. Soy un hombre de fe, y siento que actúas como si también lo eres. Tienes tranquilidad espiritual porque has sido un hombre puro. Esa es la mayor felicidad que se puede tener, incluso en la adversidad”.

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