Un menú para aprender a leer y escribir

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“Ahora, cuando llega una carta a casa, sé que es para mí porque puedo leer mi nombre”. A Pasión Garrido, conquense de 81 años, se le pinta la sonrisa cuando cuenta que gracias a la escuela de personas adultas Pueblo de Vallecas sabe si el cartero se ha equivocado. Esta mujer es una de las cerca de 50.000 personas que sufren el analfabetismo en la Comunidad de Madrid, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2017. Algo que los voluntarios de esta escuela vallecana se esfuerzan en reparar. Por ello, este centro ha celebrado este jueves una cena solidaria para recaudar fondos que les permitan seguir enseñando a quienes, como cuenta esta anciana, “no tuvieron la suerte de aprender a leer y escribir”. Un centenar de personas han degustado el menú por el que han pagado 25 euros, entre ellas, la alcaldesa Manuela Carmena.

Alrededor de la mesa, en la que se ha servido foie de Chinchón y rodaballo, han brindado por las escuelas de adultos trabajadores del Ayuntamiento de Madrid y ciudadanos de Vallecas. Belen García es gerente de la Agencia para el Empleo del Ayuntamiento y asiste a la cena porque “es el colofón del proyecto de inserción laboral del distrito”. Este organismo ha lanzado un proyecto para mayores de 50 años que intenta motivarles a la hora de buscar trabajo. Y las escuelas de adultos, cuenta, hacen una labor fundamental para darles seguridad.

La de Pueblo de Vallecas surgió hace tres décadas para combatir el analfabetismo del distrito. Pero también enseña conocimientos más avanzados a quienes ya se manejan con la lectura y la escritura. Así, entre lápices y cuadernos, un grupo de cinco mujeres asiste a la clase que imparte Julio Abad Antonio, profesor del instituto Palomeras de Vallecas, en la biblioteca Gerardo Diego, donde se imparte la enseñanza. Este madrileño de 48 años, con 27 de formación voluntaria en la Escuela, cuenta que hay 90 personas, en su mayoría mujeres, formándose. Y un total de 500 en las cinco escuelas del distrito, según cuenta el concejal Francisco Pérez Ramos, quien reconoce que la labor de estos centros es muy importante para garantizar la inserción sociolaboral de los alumnos de estas escuelas, donde también hay personas más jóvenes.

Los profesores son voluntarios y enseñan las materias en las que se sienten más cómodos. En Pueblo de Vallecas son una veintena, y Pilar Cámara, madrileña de 46 años, es una de ellas. Lleva tres enseñando en la escuela, que conoció por un cartel en el colegio de sus hijos que pedía profesores. Y no se lo pensó, según cuenta. Esta documentalista admira el tesón de estas mujeres, de entre 50 y 80 años, que aún “quieren saber, y a las que les encanta leer”.

“Es muy bonito saber leer. Ahora sé leer las calles y sé dónde estoy. Siempre se aprende, palabras nuevas, y también a escuchar”, dice Garrido, mientras su compañera Maria Luisa Montero, de 83 años, asiente. Esta mujer conoció la escuela gracias a una amiga y viene de lunes a jueves. “Ya leo muy bien, aunque se me dan peor los números”, cuenta. El boca a boca es lo que mejor funciona para captar alumnas, según reconoce Abad, quien asegura que las clases duran una hora y media y se imparten de lunes a jueves.

Los alumnos de la escuela de hostelería Quinta Cocina de Madrid, que se encuentran en riesgo de exclusión social, se han encargado de servir el menú, que ha sido elaborado por los cocineros Miriam Hernández, Aurelio Morales, Chema Isidro e Íñigo Pérez. La cena celebra que se pronuncien palabras como las de una de las mujeres de la escuela: “Sabía las letras, pero no sabía juntarlas. Ahora no me engañan”.

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Fuente El País - España