El 7 de noviembre Donald Trump se revolvió como un animal herido. Las elecciones legislativas de la noche anterior habían ido mal. Su partido logró amarrar el Senado —algo fuera de duda pues estaban en juego los escaños republicanos—, pero perdió el control de la Cámara de Representantes en lo que —pocos días después se sabría— había resultado la mayor victoria demócrata desde el Watergate. El vuelco —esa era la peor señal para el presidente— vino impulsado por una marea de participación: 116 millones de estadounidenses acudieron a las urnas, cuando en 2014 solo lo hicieron 83 millones. Los candidatos demócratas habían logrado aquel martes

La "Marcha de Mujeres" celebra su tercera edición en Washington y otras ciudades de Estados Unidos para protestar contra las políticas del presidente Donald Trump tras un año marcado por el movimiento MeToo y las legislativas de noviembre pasado en las que ellas tuvieron el protagonismo.

Oficialmente, gran parte de la administración pública federal sufrió un cierre el mes pasado. En aspectos importantes, sin embargo, se paralizó casi dos años antes, cuando Donald Trump fue investido como presidente. Al fin y al cabo, se supone que los políticos intentan conseguir un cargo para hacer cosas, para atajar problemas reales y aplicar soluciones. Pero ni Trump, que malgasta su energía inventando crisis en la frontera, ni los republicanos que controlaron el Congreso durante dos años han hecho nada de eso. Su único gran logro legislativo ha sido una rebaja fiscal que ha disparado el déficit sin hacer, que se sepa, nada que mejore

La nostalgia recorre Occidente. Donald Trump, Matteo Salvini, Viktor Orbán, Marine Le Pen, Santiago Abascal, se ofrecen a salvar a los ciudadanos del nihilismo moral. Los partidos de extrema derecha se han apropiado de las políticas familiares y prometen bienestar para quienes sigan el canon. Más matrimonios entre hombre y mujer como solución al problema de natalidad. Como decía el filósofo Edmund Burke, individuos arropados por su historia, su tradición y su cultura, que no conciben libertad sin decencia ni decencia sin jerarquía.

La primera vez que me senté frente Pablo Ibar en una cabina del corredor de la muerte -mampara de vidrio mediante- le pedí que me contara por qué estaba ahí. “Porque me parezco a una persona que sale en un vídeo”, respondió directo, vestido con un mono naranja. Era el año 2012 y, en un primer momento, me pareció una respuesta demasiado vaga, casi inocente. Años más tarde me di cuenta de que, básicamente, de eso trata todo este asunto.

El 12 de septiembre de 2008, justo tres días antes de que comenzase la crisis, JP Morgan, seguramente la primera institución financiera de EE UU, pronosticó que el crecimiento del PIB se aceleraría durante la primera mitad de 2009. La opinión de la mayor parte de los analistas profesionales y de los expertos en predicción era adecuadamente sintetizada en diciembre de 2006 por The Economist: “El capitalismo de mercado, la máquina que rige la mayor parte de la economía del mundo, parece estar haciendo muy bien su labor”. Esta descripción de un tremendo error corresponde a un trabajo publicado en 2013 por Alan Greenspan, el que fuera

No existe fecha concreta ni lugar, pero la Casa Blanca anunció este viernes que la próxima cumbre entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo de Corea del Norte, Kim Jong-un, se llevará a cabo “a finales de febrero”. Siete meses después de la primera reunión entre Washington y Pyongyang, el régimen norcoreano no ha hecho prácticamente nada para eliminar su arsenal nuclear, algo que los analistas políticos no creen que vaya a cambiar con una segunda o tercera cumbre. Medios estadounidenses especulaban en los últimos días sobre la posibilidad de que la segunda cumbre Kim-Trump se celebre en Vietnam.

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