¡Nunca jamás!, dijo Fernando Reyna Escalona

Latino America
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La exposición La tierra del nunca jamás, del joven artista Fernando Reyna Escalona (Bayamo, 1985), fue clausurada el pasado enero en la galería Habana (Línea 460 e/ E y F, Vedado, La Habana). Varios de los presentes, que no éramos tantos, la visitaban por primera vez y, como era de esperar, compartían el grato asombro por sus obras. ¿Por qué un suceso de tal magnitud –política, social, humana, además de cultural y artística–, asumido con ejemplar creatividad desde el verdadero arte, pasó tan apagado por nuestro panorama mediático? ¿Por qué apenas vimos en TV el spot que para su publicidad se gestó?

Son preguntas que habrá que responder con mayor grado de responsabilidad y menos maniqueísmo de culpabilidades. Lo lamentable es que comencemos a enterarnos de su relevancia cuando ya sus piezas –varias creadas para la ocasión, con materiales efímeros– han cumplido su ciclo para la exhibición.

La tierra del nunca jamás aborda el tema de la operación Peter Pan, maniobra especialmente cruel de la Guerra Fría que disfrazó de «rescate» de la patria potestad el secuestro de 14 048 niños cubanos, muchos de ellos separados por siempre de sus padres y rinde homenaje a una artista víctima de sus resultados: Ana Mendieta. Como bien lo define su curadora, Meira Marrero, se trata de un eslabón de experimentación formal y conceptual en la obra de este artista.

También, y es justo que se piense en ello, los resultados de experimentación formal de Reyna Escalona dan fe de madurez en el proceso de trabajo y definen, más que anunciar, la posibilidad de un arte que por sí mismo signifique; o sea, un arte cuyos significados no dependan casi exclusivamente de los procesos de creación ocultos a la recepción de la obra misma.

Al partir de ciertas normas en boga en las artes visuales de este tiempo, el artista se enfrenta a la disyuntiva de quedarse en el gesto y su relatoría o plasmar algo más que esa alquimia de composición que tanto constriñe hoy día a nuestra creación. Ha trabajado con materiales que pudieran parecernos insólitos, como culeros desechados, excremento de niño y juguetes rotos, además de con acuarela, vinilo y tierra de la patria. De ese ejercicio sale una obra ejemplar como la instalación Lesson of Cat for Hare, en la que 54 pequeños cuadros imprimen la cifra de niños secuestrados por la siniestra operación Peter Pan.

Entre las motivaciones de Fernando Reyna para la elección del tema y los materiales de trabajo se encuentra el nacimiento de su primer hijo, en el 2017.

Acaso sentir en el verdadero yo de la persona lo que significaría el hecho de imaginar, o reinventar, la hipótesis de que fuese víctima de tal vandalismo, ha hecho de estas piezas un suceso mejor sedimentado. Incluso el empleo de la ironía, la parodia y hasta la apropiación, han conseguido sincronizar sus perspectivas de significación con el carácter efímero de los materiales.

Quiérase o no, el arte exige un reto a la trascendencia y asumirlo de manera efímera es ya una entrega audaz mediante la ironía. La instalación Peter Pan Am, compuesta por 14 cuadros que testimonian los hechos mientras vuelan en el avión que los conduce a esa tierra del nunca jamás, aprovecha ejemplarmente la combinación de la técnica, la significación que proviene de un ejercicio conceptual y el uso de la ironía como juicio de valor y sentido.

Así, este joven artista consigue, desde un trabajo anclado en verdadero arte, decir «¡Nunca jamás!» a maniobras como estas. No cabe más que preguntarnos por qué dejamos pasar este suceso como si fuese una más de nuestras pródigas exposiciones. La respuesta, con sus múltiples causas y variables, no se propone para culpas, sino para lección y advertencia: La tierra del nunca jamás, de Fernando Reyna Escalona, esperaba con paciente modestia y nuestros ojos se fueron, agitados, hacia otras estancias.

Fuente Granma.cu