La creación de la Guardia Nacional, el nuevo cuerpo de seguridad que impulsa el Gobierno de México, parece encaminada. El pleno de la Cámara de Diputados ha aprobado la iniciativa y la mandará ahora al Senado, donde será discutida y votada este jueves. Morena, el partido del presidente, Andrés Manuel López Obrador, controla ambas cámaras. La aprobación definitiva de la Guardia Nacional, aunque accidentada, parece solo cuestión de tiempo.

El problema de ir contra los poderes salvajes es que terminan siendo más poderosos y más salvajes de lo que se había previsto. Son industrias criminales que no están inscritas en la seguridad social o en el registro de contribuyentes; solo se les puede dimensionar cuando se les enfrenta. A menos, claro, que las autoridades hubieran hecho la investigación de fondo y el trabajo de inteligencia que no acostumbran.

El jueves pasado, Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela por segunda vez. Él prevé permanecer en el poder, al menos, hasta el año 2025. El panorama de su mandato no podía ser peor: una fuerte crisis humanitaria, crisis económica y una crisis política, esto último principalmente derivado de que más de 40 países no reconocen su mandato. Pero, además, su proyecto político hace aguas. Esta situación en Venezuela complica aún más el delicado estado de la frontera con Colombia. La radiografía es la siguiente.

De las tres fronteras que tiene por delante, la caravana del hambre que salió de Honduras ya tumbó, literalmente, la primera. La policía guatemalteca tuvo que utilizar botes de humo para dispersar una masa que por momentos se volvió agresiva cuando un fuerte dispositivo policial les frenó el paso la madrugada del miércoles. Las instrucciones recibidas eran no dejar pasar a menores no acompañados o sin registrarse previamente en la garita. Cuando Carlos Lobo se subió a unas cajas para pedir calma a la masa el mensaje más suave que escuchó fue: “Te vamos a matar”.

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