En los últimos mercados de pases, y también en el actual, los principales clubes de España, Italia e Inglaterra dejaron de prestarle atención a una Superliga que, salvo excepciones, pasó a exportar a la mayoría de sus figuras al norte de América, a Estados Unidos y México -o a clubes secundarios de Europa-, un consuelo ante el creciente desinterés de los gigantes a los que solía seducir.

Primero fue la batalla de austeridad. El Gobierno de López Obrador arrancó en diciembre luchando contra los privilegios y excesos de los altos funcionarios de la burocracia. La batalla generó muchas resistencias y las consecuencias pasaron desapercibidas para muchos. El conflicto no ha concluido porque está a la espera de que los jueces avalen la primera gran norma de la era del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Eso no ha impedido al líder izquierdista encarar una nueva tormenta generada por su ofensiva contra el robo de combustible, un delito que ha gozado de la impunidad en los sexenios anteriores y cuyo combate ha impactado

Claudio López siempre se iba antes de tiempo de los sitios. Mal equipado para la paciencia y con un umbral de aburrimiento muy bajo, dominaba el arte de la desaparición, hasta el punto de convertirlo en uno de sus encantos. Un extraño talento para la seducción en ausencia: cuanto menos estaba Claudio, más le quería la gente. Era capaz de convocar reuniones en su despacho y escabullirse a la mitad. A veces no era fácil desaparecer sin dar explicaciones: el trabajo de editor incluye una parte considerable de acompañar a los autores. Sin embargo, él se salía siempre con la suya, actuando de manera inesperada o farfullando alguna excusa

El dueño de una gasolinera de la franja del huachicol del Estado de Puebla, hora y media al sur de Ciudad de México, recordaba esta semana los años malos. Los tiempos en que su mundo se puso patas arriba y un negocio rentable como la venta de gasolina era, de repente, un tiradero de dinero. Una empresa con pérdidas. Todo era culpa del huachicol, el robo de combustible de los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) y su venta clandestina; la presión de los ladrones, tipos que se enriquecieron de la noche a la mañana a costa de negocios como el suyo, que casi casi parecían un anacronismo.

México fue durante años un bastión del doblaje. Varias generaciones de españoles crecieron viendo dibujos animados donde las ardillas y los gatos podrían ser “chamacas” y “chamacos”. Nadie pareció molestarse por el asunto y esas versiones adquirieron encanto de época.

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