¡Ya toca playa! Las mejores del Mediterráneo para el puente de Mayo

Fuente: El País - España

España
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Las Arenas

Valencia

El puerto de Valencia se interpone en la corriente de levante, razón de que en Las Arenas/El Cabanyal luzca una sábana de arena expansivamente fina y dorada. Su raigambre urbana se constata en el paseo marítimo y en el hotel balneario Las Arenas.

Paseo de la playa de Las Arenas, en Valencia. ampliar foto
Paseo de la playa de Las Arenas, en Valencia.

En el Marina Beach Club lo mismo te sirven una copa de champán que tomas el sol en la piscina o comes en una hamaca, sin olvidar su restaurante. En el Marina, las paellas suelen ser las tradicionales de Valencia (huertanas), mientras que el restaurante más célebre de la playa, La Pepica, mantiene las esencias de la paella marinera.

Playa del Mal Pas, en Benidorm (Alicante). ampliar foto
Playa del Mal Pas, en Benidorm (Alicante). getty

Sant Salvador

El Vendrell (Tarragona)

Al Museo Pau Casals podemos acceder por la playa que disfrutaba el genial violonchelista nacido en El Vendrell. Fue su casa de veraneo desde 1909, y en sus salas podremos escucharle y repasar su pinacoteca, en especial el Retrat femení (1909), de Ramon Casas. Desde la terraza abalaustrada, Sant Salvador luce como la playa deslumbrante que es, en la que perviven casas burguesas que trasladan mentalmente al paseante cien años atrás. Merece la pena reservar para comer una de las 13 paellas —¿la de foie?— del restaurante Casinet, almacén portuario allá por 1780.

Museu Pau Casals, junto a la playa de Sant Salvador, en El Vendrell (Tarragona). ampliar foto
Museu Pau Casals, junto a la playa de Sant Salvador, en El Vendrell (Tarragona). alamy

Mal Pas

Benidorm (Alicante)

He aquí la más pequeña, céntrica y desconocida de las calas de Benidorm, disfrutable mejor en primavera. Ello porque en verano se revela demasiado calurosa por sus paredones hormigonados en prevención de derrumbes. Las aguas remansadas miran al Balcón del Mediterráneo de la punta Canfali, que separa Levante y Poniente, donde refulge el vidriado azul de la parroquia. Resalta el no parar de los bañistas —­santo y seña benidormí— recorriendo los 80 metros de rompiente. Con tan solo subir las escaleras encontraremos los arroces del restaurante Mal Pas.

DJ en Purobeach Marbella, en Estepona (Málaga). ampliar foto
DJ en Purobeach Marbella, en Estepona (Málaga).

El Padrón

Estepona (Málaga)

La piscina de 32 metros del Purobeach Marbella (purobeach.com), decorada con un mandala, transporta a un hedonismo de palmeras y camas balinesas que tiene mucho de la escena marbellí; chapuzón a ritmo de deep house y degustando especialidades niponas. Tras bañarnos en un mar de grises piedrecillas, podemos encarar el peñón de Gibraltar por la flamante senda litoral que nos deja en 10 minutos en el oasis subtropical mediterráneo del Kempinski Hotel Bahía, con la torre almenara que da nombre a la playa y el Spiler Beach Club, que se inaugurará a mediados de abril.

Playa Tres Micos, en Caldes d'Estrac (Barcelona). ampliar foto
Playa Tres Micos, en Caldes d'Estrac (Barcelona).

Tres Micos

Caldes d’Estrac (Barcelona)

El disponer de vía férrea junto al mar permite bañarse en todas las playas del Maresme. Apeándonos en Caldes d’Estrac, el paso subterráneo nos conduce al paseo de los Ingleses, tachonado de casonas en las que impera la arquitectura eclecticista de entre 1917 y 1920. Sin solución de continuidad, en el número 29 saltamos al paseo del Marqués de Casa Riera, municipio de Sant Vicenç de Montalt, en cuyo número 18 podemos dar la vuelta. Resta probar las paellas del Marola, que hasta finales de abril celebra las jornadas del guisante con un menú de 38 euros.

Playa del Campo de Golf, en Málaga. ampliar foto
Playa del Campo de Golf, en Málaga.

Campo de Golf

Málaga

Lo que el arenal de El Saler es a Valencia, la playa del Campo de Golf es a Málaga. Se trata de la más extensa (2.250 metros de longitud) y meridional de la ciudad, cuyo parador anexo a su campo de golf nos acerca a uno de los playazos menos construidos de la Costa del Sol. Siguiendo la valla que separa la arena del parador, podremos extender la mirada, usar el tramo de 150 metros de largo consagrado al naturismo, contemplar el ir y venir de kitesurfistas y surfistas a remo, cuando no de los aviones, y recalar en el bar del parador o en La Playa Summer Club, ya en Torremolinos.

Cala del Pinar, en Vinaròs (Castellón). ampliar foto
Cala del Pinar, en Vinaròs (Castellón).

El Pinar

Vinaròs (Castellón)

Hay que conocer las calas urbanas de Vinaròs. Son de piedrecillas, pero constituyen un refugio seguro cuando en los meses de verano a la costa castellonense le revientan las costuras. Esta calita presenta un aspecto recogido y agradable, insonorizado del tráfico, con peñascos y fondos propicios para practicar snorkel. Aunque sea en finca privada, uno siente gratitud por la mancha de pinos. Tras el baño, hay que ir al cercano mercado (plaza de Sant Agustí, 8) para comprar langostinos o salmonetes que cocinan a la plancha los bares del mercado a razón de 2,50 euros cada 500 gramos.

Playa de La Colonia, en Águilas (Murcia). ampliar foto
Playa de La Colonia, en Águilas (Murcia).

La Colonia

Águilas (Murcia)

A esta curva de arenas y gravas la protege del levante el castillo de esta localidad murciana, lo que incita a disfrutar de los atardeceres junto a la pérgola fucsia de buganvillas. En el parquecillo prosperan cocoteros y palmeras de las especies Phoenix dactylifera y Washingtonia robusta, a las que se unen palmitos endémicos. Aprovechamos el vigor hostelero de estos 580 metros de línea playera para probar la fritura de pescado en la terraza de La Dolce Vita (paseo de la Constitución, 40), así como las carnes estilo argentino de la Pizzería Carlota (en el número 10).

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Fuente (Fotos y Texto) El País - España