Una nueva víctima ha denunciado al sacerdote José Manuel Ramos Gordón por abusos sexuales entre 1979 y 1985, cuando el exalumno tenía entre 11 y 16 años. Los hechos tenían lugar en el colegio zamorano Juan XXIII de Puebla de Sanabria, de noche, cuando los niños ya estaban durmiendo. La acusación llegó a través de una carta certificada el pasado jueves al obispo de Astorga y presidente de la comisión antipederastia de la Conferencia Episcopal Española José Antonio Menéndez. Sin embargo, la diócesis todavía no ha hecho ninguna declaración al respecto.

“Me decía mon garçon, mi niño, esto es un secreto, no hay que contárselo a nadie. Luego me quitaba el pantalón y me acariciaba”. “Me decía que le siguiera al último piso. Cada vez, yo iba dócilmente. Sentía su respiración jadeante. En mi cerebro de niño, el interruptor se apagaba. Duró tres años”. Los testimonios de los tocamientos, felaciones o masturbaciones a los que les sometió el cura Bernard Preynat desde finales de los años 70 hasta 1990, cuando eran chavales de 10 o 12 años que pertenecían al grupo scout de ese sacerdote, enmudecieron a la abarrotada sala del tribunal de Lyon donde ocho de sus víctimas declararon en un juicio con

En su testimonio del campo de exterminio, Más allá del crimen y del castigo, Jean Améry anota que en Auschwitz tenían más capacidad de sobrevivir los prisioneros fortalecidos por creencias inquebrantables, religiosas o políticas: testigos de Jehová, rabinos ultraortodoxos, militantes comunistas. Para él, que era un hombre incrédulo y racionalista, un intelectual laico, el horror del campo no tenía límites, y el sinsentido lo minaba casi tanto como el hambre o la crueldad. Para los creyentes en un dogma sin incertidumbres, en una visión completa y cerrada del mundo, el sufrimiento extremo encajaba de un modo u otro en un devenir

Una de las cosas que más sorprendió a los ciudadanos de Lyon cuando llegó su nuevo arzobispo, Philippe Barbarin, fue la inmensa energía que desplegaba en todo lo que se proponía. Y que no paraba ni se callaba. Monseñor 100.000 voltios, llamaban al hombre que de pronto estaba en todas partes y opinaba sobre todas las cosas. Sin pelos en la lengua. “Si no hay más cristianos en Francia, eso no es mi problema. Mi problema es que nosotros, los cristianos, no somos lo suficientemente cristianos. Sé que esto choca, pero lo repetiré: el cristianismo cool no tiene futuro”, declaró Barbarin (Rabat, 1950) nada más ocupar el puesto de más peso en la

La defensa del cardenal Philippe Barbarin insistió este jueves en que el religioso, el más alto de la jerarquía eclesiástica francesa en sentarse en el banquillo acusado de silenciar el caso de un cura pederasta, hizo, como los otros cinco acusados de la diócesis de Lyon, “lo que debía hacer”, y lamentó que el religioso se haya convertido “casi en el símbolo mundial de la pederastia”.

La acusación civil contra el cardenal Philippe Barbarin y cinco otros altos responsables de la diócesis de Lyon por no denunciar los abusos del cura Bernard Preynat y mantenerlo en funciones reclamó este miércoles la condena de los representantes de una institución “disfuncional” y “mentirosa”, que prefirió protegerse a sí misma y no a las víctimas que le pidieron ayuda para proteger a otros niños de un depredador sexual reconocido. El juicio contra el cardenal Barbarin, el responsable más alto de la jerarquía eclesiástica gala acusado de silenciar casos de curas pederastas, comenzó este lunes.

Una pregunta se planteó, de forma insistente, durante la segunda jornada de juicio al cardenal Philippe Barbarin y otros cinco altos responsables religiosos de Lyon por no denunciar a un cura pederasta bajo su responsabilidad: ¿Cómo se pudo permitir que un religioso como Bernard Preynat, del que se sabía que abusó sexualmente de niños al menos hasta 1990, y sobre el que persistían los rumores, siguiera en funciones durante un par de décadas más y con tareas que le mantenían en contacto con menores?

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