¿Adiós a la escuela del lápiz y papel? ¡Por Dios, nunca!

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En medios masivos de comunicación como la radio y televisión, en vallas y letreros colocados en algunos lugares estratégicos, el gobierno dominicano, a través del Ministerio de Educación, lanza su campaña de educación sobre la revolución digital, con la divisa, lema, motto o frase insignia �??dejamos atrás la escuela del lápiz y papel�?� significando el propósito que como proyecto ha puesto en marcha de ofrecer a todos los estudiantes del sistema educativo nacional acceso digital, dirigido concretamente al aprendizaje a través de medios digitales, entre los que se encuentran y encontrarán, fuentes en línea de información, referencia y consulta a través de dichas redes cibernéticas; programas de aprendizaje con lecciones para los ciclos primario y medio cónsonos con sus diseños curriculares, lo que lógicamente -se desprende e interpreta- sería facilitado por las previas y necesarias articulaciones preparatorias de alfabetización digital en los educandos y educadores para su realización, que entendemos ya inició su primera fase en unos 150 centros docentes.

Al congratular y saludar tales iniciativas, que indudablemente constituirán un valioso soporte y mejoramiento de nivel en la actualización de los medios y recursos de aprendizaje del estudiante dominicano para aproximarnos a sistemas educativos con más elevado estadio de calidad en el hemisferio y en naciones con gran desarrollo como Japón, las naciones nórdicas de Europa y los tigres asiáticos, entre otros, es necesario que el entusiasmo y la verbalización de tales aspiraciones de digitalización del proceso enseñanza-aprendizaje no sea malinterpretado o confundido �??como bien parece ser- por los ciudadanos, concretamente, padres, maestros, estudiantes y núcleos sociales relacionados -en suma: ´la grande société´- como el abandono y sustitución de la competencia humana que ha logrado dar, desde miles de años, el salto mayúsculo que nos ha colocado en el alto estadio de civilización alcanzado: la habilidad de escribir con los medios mecánicos, que iniciamos con simples rocas, filos, cuchillos, cinceles, biseles de metal, plumas de ave con tinta, plumas estilográficas, lápices de grafito, y finalmente bolígrafos y otros pedúnculos gráficos con los que hemos desarrollado la extraordinaria y complejísima capacidad de dominar y traspasar con las propias manos nuestros pensamientos, lecturas, ideas, en símbolos que, comenzando en paredes de cuevas y rocas, en tablillas, en papiros, en cera, en pergaminos y luego en papel, nos han provisto de una singular facultad, para conectarnos, de manera fisiológica y psico-motora con el conocimiento.

La escuela digital, que recibimos con agrado, constituye sólo un eje integrador de la revolución comunicacional que a través de las extensiones electrónicas del ciberespacio, ya es materia de uso ordinario por un amplio segmento de población mundial, principalmente a través de las útiles aplicaciones y efectivos e instantáneos enlaces de los teléfonos móviles y portátiles inteligentes, los ´Smartphones´. El tránsito lógico en nuestro país no podía ser otro que el aprovechamiento de tan extraordinario recurso por los sistemas de organización social, tales como el Proyecto de la República Digital del gobierno central y la escuela digital como uno de sus mega-proyectos. Pero en modo alguno tal iniciativa es, ni puede ser, sustitutiva de la necesaria formación en lecto-escritura con lápiz y papel, ni de los recursos de la pizarra y la tiza, que inicia como competencia imprescindible desde el curso conocido como pre-primario del bloque de educación inicial, hasta el último año del ciclo secundario o medio, pues estas destrezas están inseparablemente vinculadas e interrelacionadas con la capacidad independiente y espontánea de adquirir, manejar, mejorar, expandir y conservar los saberes sin necesidad de depender de otras extensiones más separadas físicamente del humano, comparando nuestra cercanía a cualquier material o instrumento que escriba y la superficie o medio en que podemos escribir con la más lejana, compleja lecto-escritura digital, que requiere una extensión instrumental más distante, y complicada, necesitada de energía ajena a nuestro cuerpo y no necesariamente disponible en todo momento.

No se ha traducido apropiadamente todavía al español el vocablo que desde varios años ha tomado significación en el idioma inglés y culturas europeas: fingishness (pronunciemos ´fínguishnes´) y que se refiere al sentido de tocar y sentir, oler, saborear, las páginas de un libro que se lee, el lápiz con que se escribe, el papel sobre el que se escribe, que cualifican, intensifican la experiencia cognoscitiva de una manera que los medios digitales, insípidos e inodoros no permiten �??hasta ahora- ofrecer. Son los que constituyen, conforme a las más avanzadas teorías de enseñanza-aprendizaje, algunos de los muchos elementos perceptivos que forman parte de la aprendiencia, novedoso enfoque educacional basado en la multisensorialidad, es decir, en la asimilación y transformación del conocimiento a través de varios sentidos y percepciones operando simultáneamente junto a la emocionalidad que se logra imprimir en este proceso, haciendo el aprendizaje más significativo y por tanto, con mayor permanencia. Este insustituible proceso, fundamental piedra de toque que ha normado nuestro creciente constructo cognoscitivo, afectivo y psico-motor desde nuestros orígenes, deja lugar a la educación digital sólo como importante complemento, mas, nunca como sustituto de la educación basada en nuestra escuela universal de lápiz y papel.

Nos atrevemos a anticipar que las autoridades responsables de la positiva iniciativa educacional digitalizadora en realidad tan solo han incurrido en un exceso de entusiasmo al publicitar la introducción del plan como un ´adiós a la escuela del lápiz y papel´ cuando a nuestro mejor entender �??y así lo esperamos- sólo realmente pretenden poner en marcha un proceso gradual, siempre de manos y en paralelo con los procesos de enseñanza-aprendizaje que han empleado exitosa, efectivamente, la lecto-escritura vigente, que combina la mano y la impronta manual de la escritura, añadiendo, corolariamente, no sustitutivamente, la habilidad y competencia del uso efectivo del teclado y la pantalla. El enfoque del proyecto de escuela digital, sólo como complementariedad es pues vital, para mantener vigente el principio que es a todas luces el fin último de la educación: Enseñarnos a aprender hasta no necesitar ayuda ninguna para seguir aprendiendo por sí solos.

Implantes educacionales cibernéticos que comenzaron como experimentos, se convirtieron en política oficial de sistemas educativos digitalizados que iniciaron al final de la década de 1990: En el caso concreto de un país escandinavo, todo el proceso de aprendizaje que se normó oficialmente a través de aplicaciones, programas y diseños curriculares casi en su totalidad digitales, para estudiantes desde la educación primaria a todo lo largo de los cursos de educación oficial fueron revertidos y vueltos a ser reformulados conforme a la educación anterior de lápiz y papel -y pizarra- tras una evaluación profunda de sus resultados y advertir que sus estudiantes estaban perdiendo competencias prácticas en la comprensión lectora y la composición, apoyados en la facilidad digital para corregir la gramática, el copiado de texto con ligeras modificaciones (el irreverente e inético ´copy-paste´), el uso de los diccionarios digitales que acompañan al escribir textos en programas como ´Word´ y en general del sistema ´Office´, la pérdida escandalosa de capacidad de escritura manual y la progresiva disminución de una de las dos memorias hasta ahora clasificadas en psicología: la memoria evocativa que es la que puede extraer del abstracto de la mente al consciente los nombres, designaciones e ideas con su correcta verbalización, (lo que equivaldría, con alguna diferencia, a la memoria de acceso al azar (Random Access Memory o RAM de nuestros ordenadores), distinta de la memoria de reconocimiento que simplemente reconoce el asunto, ítem, vocablo o idea, sólo cuando nos es traído o presentado a la vista o al oído, que era en este caso, la única clase de memoria, que la educación digital propiciaba.

Bienvenida pues, la escuela digital como apoyo y sólo como importante acompañante y suplemento del proceso de enseñanza aprendizaje del lápiz y papel de la República Dominicana, recordando que para su pleno éxito es imprescindible ´formar al formador´ en las nuevas destrezas, pues nuestros estudiantes de todas las edades, al igual que la mayoría de las generaciones estudiantiles del mundo actual, poseen ventajas comparativas en el uso de teléfonos inteligentes, juegos y aplicaciones digitales reconociblemente superiores a las de sus maestros, concretamente nuestros maestros dominicanos.

Fuente Diario Libre