Lo que se juega en Venezuela

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Hoy hay muchas cosas en discusión en Venezuela. Pero todo se reduce a un asunto esencial que, en medio de la abrumadora campaña antichavista y antivenezolana, hasta gente de sentimiento democrático suele perder de vista.

El pueblo venezolano votó por la revolución bolivariana, y como se apartó del redil de las ovejas, desató la ira de una oligarquía reaccionaria y corrompida que se cree dueña de ese riquísimo país, y provocó también el enojo desbordado de una potencia imperialista que nunca ha reconocido el derecho de los pueblos y las naciones a decidir su destino.

Entonces, esa hostilidad que ahora se vuelca contra Nicolás Maduro y su gobierno, se inició desde los tiempos del comandante Chávez. Porque bajo la ley de bronce del imperialismo y las oligarquías del continente, los pueblos y naciones no tienen derecho a escoger su propio camino. Eso es, a fin de cuentas, lo que se está decidiendo en Venezuela.

Maduro podrá tener sus desaciertos. Muchos de ellos están a la vista. Pero aun desde una actitud crítica hay que saber de cuál lado situarse.

Aparte de que ningún gobierno soluciona una crisis económica tan profunda como la venezolana si se le obstruye su desempeño, se le hostiliza políticamente y se bloquea su comercio internacional.

Tampoco puede reclamársele democracia a nadie haciendo coro con Donald Trump, que llegó a la presidencia sin obtener la mayoría de los votos de su pueblo; ni con Jail Bolsonaro, que para que ganara las elecciones en Brasil tuvieron que encarcelar a Lula; el mismo Bolsonaro que se declara a favor del asesinato y la tortura, que es un crimen de lesa humanidad.

Cómo reconocer a Juan Guaidó, que con apenas treinta mil votos para diputado se declara dizque presidente y en el colmo del deshonor le pide a la misma potencia que amenaza con agredir militarme a Venezuela que le habilite una oficina en su embajada para dizque ejercer el gobierno desde allí.

Los conspiradores lanzan a las calles unas masas, golpeadas evidentemente por la crisis, elementos provocadores desatan la violencia armada, y condenan al Estado porque usa la fuerza pública para neutralizarla.

Washington amenaza con la agresión y muchos se escandalizan si Maduro, dignamente, se previene para la defensa. Como si Venezuela no se hubiese ganado el derecho a la autodeterminación y a la existencia. Pues, de eso se trata.

Fuente El Día