Órganos electorales de cara a 2020

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Las afirmaciones que desde distintos litorales se han venido ofreciendo en el sentido de que las elecciones previstas a celebrarse en el año 2020 serán unas de las más complejas y difíciles de arbitrar de la historia dominicana, no deben asumirse como simples discursos, sino en función de desafíos a afrontarse exitosamente.

Las miras estarán fijas en los órganos responsables de la organización y el arbitraje de los comicios municipales, a celebrarse en febrero; y los congresuales y presidenciales, en mayo; sin descartar un eventual certamen en junio, en caso de una segunda vuelta electoral.

Todo esto implica una enorme responsabilidad para la Junta Central Electoral (JCE) y el Tribunal Superior Electoral (TSE), así como enormes desafíos a la democracia.

La Constitución de la República confiere a la JCE la facultad, en los artículos 211 y 212, de organizar, dirigir y supervisar las elecciones, garantizando la libertad, transparencia, equidad y la objetividad de las mismas.

De manera particular, en el párrafo IV, del artículo 212, establece: “La Junta Central Electoral velará porque los procesos electorales se realicen con sujeción a los principios de libertad y equidad en el desarrollo de las campañas y transparencia en la utilización del financiamiento.

En consecuencia, tendrá facultad para reglamentar los tiempos y límites en los gastos de campaña, así como el acceso equitativo a los medios de comunicación”.

Mientras que el TSE es la máxima autoridad en materia contenciosa electoral. Constituye un órgano de carácter autónomo con personalidad jurídica e independencia funcional, administrativa, presupuestaria y financiera, por lo que no está supeditado a organismo alguno del Estado.

Su organización, funcionamiento y atribuciones se encuentran determinados por la Constitución de la República, según los artículos 214 y 215, así como por su Ley Orgánica 29-11, del 20 de enero de 2011.

Los órganos electorales juegan un rol fundamental debido a que contribuyen a garantizar la consolidación de los sistemas democráticos en diferentes partes del mundo.

Todos los sectores que inciden en la vida nacional, por vía de consecuencia, deben asumir un compromiso colectivo de trabajar para que las elecciones se realicen con diafanidad, sin que queden dudas de que los resultados sean el reflejo fiel de los votos depositados en las urnas por los ciudadanos y las ciudadanas.

Naturalmente, el primer ejemplo debe provenir de las autoridades de la JCE y del TSE, mostrando cohesión interna en todo momento, tal y como aspira el pueblo dominicano. Nadie puede pedir a los otros que hagan lo que no es capaz de ofrecer plenamente.

Los egos jamás deben prevalecer sobre la agenda institucional, y de ahí la relevancia de la cohesión de los órganos electorales del país como estructuras claves para avanzar hacia la construcción de una sociedad más avanzadas en términos políticos y sociales.

El ideal consiste en que se respeten y se hagan verdaderamente efectivos de esos derechos, motivado que son fuentes de potenciación de la democracia.

La vida democrática demanda de los ciudadanos y ciudadanas cumplir con sus deberes, por lo que los venideros comicios llaman a no quedarnos pasivos y que, por el contrario, adoptemos una activa participación en el propósito que sean los mejores organizados y transparentes de la historia dominicana.

Esa participación colectiva debe producirse, incluso, por una cuestión ética, moral y de conciencia social, con lo que se estará contribuyendo a la construcción de una República Dominicana más equitativa, justa, humana0, solidaria y democrática.

Fuente El Día